En recuerdo de Txiki Benegas

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txiki

 

Al enterarme de la muerte de Txiki Benegas me asaltan muchos recuerdos, que arrancan en su juventud en San Sebastián, su época biográfica quizás menos conocida y que aquí reseñaré con breves trazos.

Nos conocimos cuando en el Círculo de San Ignacio de San Sebastián, fundado en 1965 para  “promover la cultura católica en esta ciudad, y procurar la formación moral y social de sus asociados”, unos cuantos jóvenes inquietos preuniversitarios montamos un “cine-club”, que era el modo de agitar las conciencias de nuestros coetáneos en aquel San Sebastián amnésico de su historia pasada y aparentemente apaciguado por las promesas del desarrollismo franquista. Allí estaban junto a Txiki otros queridos compañeros de juventud, como Juan José Solozábal o Andrés de Blas. El compromiso político de Txiki viene de entonces, de sus 17 años más o menos, cuando no más de un centenar (si llegábamos) de jóvenes donostiarras intuíamos que la vida política debía ser democrática.

Txiki fue Delegado del Sindicato Democrático de Estudiantes de la facultad de Derecho, en la enjuta sede universitaria de los Jesuítas de San Sebastián, como lo era yo en Empresariales, Jaime Pastor en Madrid, o Ernest Lluch en Barcelona. Ahí nos curtimos y se acrecentó la conciencia política en las mil batallas dialécticas tanto con nuestros compañeros que “no querían follones” como con el sectarismo del nacionalismo de izquierdas, ya existente. Después, al comienzo de los años 70 nuestros caminos se separaron: Txiki optó por militar en la clandestinidad del PSOE, mientras que otros nos íbamos hacia otras alternativas más coloridas, pero que en el fondo no querían otra cosa que democracia para España.

Txiki acompañó  en Febrero de 1976 a un joven Felipe González en su primera aparición pública en el País Vasco, en aquellos tiempos de la “platajunta” cuando el régimen se había comenzado a desmoronar y ya no quedaba claro lo que era permitido o no en materia de libertades políticas. Txiki ya actuaba de lugarteniente de Felipe, allanando el camino frente al boicot de los nacionalistas radicales en un acto en la Facultad de Económicas de Sarriko en Bilbao, o introduciéndole en el que fue el primer acto público antifranquista en Euskadi, en el Frontón Astelena de Eibar.

Ya en la democracia, Txiki fue Secretario General de las Juventudes Socialistas y luego Secretario de Organización del PSOE. Pero no por tener esas obligaciones dejó de lado su compromiso con el País Vasco. Fue uno de sus primeros referentes en la nueva España democrática, junto a Nicolás Redondo, Enrique y Fernando Múgica, Enrique Casas, Ramón Jaúregui, Odón Elorza o Juan Manuel Eguiagaray.

 

cuadernos de alzate

Su compromiso con Euskadi no era solamente político. Junto a un puñado de intelectuales vascos,  a partir del núcleo de amigos que ya nos conocíamos desde aquellas lejanas aventuras del Círculo de San Ignacio, se esforzó porque saliera a la luz, en el invierno de 1984, una revista de estudios vasca, Cuadernos de Alzate, que aún pervive y en la que se han volcado las ideas progresistas vascas durante más de cuarenta años, siguiendo su manifiesto fundacional, – que la cultura de Euskadi sea plural, abierta, moderna y de calidad.

Como Secretario de Organización del PSOE, Txiki dirigió el PSOE durante su época de oro. Mientras un gobierno socialista fue capaz de combinar crecimiento económico y creación del Estado de  Bienestar, Txiki dirigía sin estridencias un partido de cuadros políticos bien engrasado, generando candidatos electorales sin descuidar la propia vida interna militante. En esa época de los años 80 también coincidimos, cuando Txiki no solamente permitía sino que alentaba junto a Alfonso Guerra, reuniones de intelectuales progresistas como los Encuentros de Jávea en torno a la editorial Sistema y a su director, José Félix Tezanos, o ejercicios de debate abiertos a la sociedad como el Programa 2000.

Y ahí continuó al pié del cañón durante toda su vida, leal a sus compañeros y amigo de sus amigos, siempre oteando el horizonte para encontrarle respuestas, como hacía en la última entrada de su blog en 2013:

“¿Por qué no pensar en que lo que no funciona es el propio sistema? ¿Por qué no admitir que el capitalismo desregulado conduce a situaciones económicas y sociales insostenibles y en su consecuencia hay que revisarlo y corregirlo en profundidad? Suscitar esta necesidad debe ser una tarea del socialismo democrático formulando una alternativa seria y razonada al funcionamiento del “capitalismo de casino”.”

 

 

 

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