Dónde están los nuevos héroes y heroínas?

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Nosotros, algunos dentro de nuestra generación, fuimos héroes hace tiempo . Lo fuimos en torno a 1968 y hasta la transición a la democracia en España.

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Mientras nuestros contemporáneos se enfrentaban a los tanques en Praga, a los antidisturbios en París o a la Guardia Nacional en Washington, unos pocos miles de jóvenes españoles nos enfrentamos a la dictadura franquista. Lo dimos todo, durante años de clandestinidad. Nos habituamos a mirar de refilón a los escaparates para detectar y evitar seguimientos, nos requisaron el pasaporte, estuvimos en la cárcel. Luego aquella lucha fructificó en opciones políticas democráticas y en gestas como la realizada por el PSOE en España, modernizándola y haciéndola socialmente justa.

Todo eso es ya historia pasada.

Así lo pensaba yo, mientras escuchaba a Alfonso Guerra despedir con el corazón en la mano a su amigo y compañero Txiki Benegas en el cementerio de San Sebastián, con palabras bien traídas y contundentes sobre la amistad, la lucha y la muerte. Desasosegado, se me antojaban palabras sobre una épica pretérita.

El heroísmo ocurre cuando una persona elige arriesgar su bienestar, su hacienda o incluso su vida por una causa que cree justa. Las más de las veces, el heroísmo se produce por una causa colectiva, defendiendo el bien común. Aunque dá lugar a fenómenos colectivos, el heroísmo siempre es individual, no existe el heroísmo de masas, porque es cada cual, en el fondo único y sagrado de su alma quien decide si arriesga o no. El héroe no busca reconocimiento, porque nada puede sustituir lo más preciado que tenemos, que es a nosotros mismos. Por eso hay tantos y tantos héroes anónimos, y tan pocos héroes reconocidos.

Para Bertolt Brecht es “desgraciado el país que necesita héroes”. Esta frase resume las grandes catástrofes humanas que hubo de vivir, y en particular la lucha contra el nazismo alemán. Pero hay más en la cita: cuando ya no hay otra respuesta desde la política o desde la palabra, cuando el sistema se cierra sobre sí mismo y la realidad aciaga e inhumana se desborda sin contención, es entonces cuando la respuesta individual se transforma en heroica, sin importar el precio, por pura decencia. Lo dijo Bob Dylan con sencillez y claridad abrumadoras: “creo que héroe es quien entiende la responsabilidad que conlleva su libertad”.

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En nuestra sociedad, desarrollada, donde todos tenemos mucho más que perder que las cadenas, ¿cabe la existencia de héroes y heroínas?

Mi intuición me dice que eso está ocurriendo ya. Los héroes de hoy son anónimos y si alguien los conoce son sus cientos o miles de seguidores en alguna red social. Los héroes de hoy no son de una generación, sino de varias.

Son los que dejan todo y se van a Lampedusa a  aliviar en lo que puedan el drama dantesco de la inmigración, a apoyar a seres humanos que huyen para salvar su vida y se encuentran ante la cruel e indiferente, – cuando no hostil,- Europa.

Son los voluntarios que luchan contra ISIS en las tierras de Irak, cuando en Europa solamente Francia ha decidido participar en la Alianza Internacional contra la barbarie yihadista. Son los periodistas “free-lance” que van a donde nadie llega, jugándose la vida para denunciar lo que todos debemos saber.

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Pero no es necesario irse fuera de España para encontrar nuevos héroes. También lo son aquellos ciudadanos que emplean su tiempo en luchar contra los desahucios para arrancar de las garras de los bancos a otros conciudadanos a quienes la crisis ha dejado con una mano por delante y otra por detrás. Los voluntarios que están en primera línea en la lucha contra la pobreza en bancos de alimentos o en comedores infantiles.

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Todo esto lo sé porque lo he visto, porque conozco a esos nuevos héroes, sé cómo piensan y por qué hacen lo que hacen.

En la incierta transición hacia una nueva era, algunos elementos del sistema se están resquebrajando: los aspectos más podridos de un capitalismo incontestado, la inviabilidad planetaria de su abuso de los recursos o las consecuencias más desastrosas de un sistema de gobierno global inefectivo. Nunca desde la II Guerra Mundial han existido tantos desplazados en el mundo. Nunca desde que se construyó el Estado de bienestar en los países desarrollados lo habían pasado tan mal las clases medias y trabajadoras. Nunca, nunca, desde que la socialdemocracia irrumpió en los parlamentos, se había resquebrajado tanto el contrato social y había aumentado tanto la desigualdad.

Y es en esta coyuntura, en la que parece que el sistema comienza a agotarse, y los partidos políticos con sensibilidad social no conectan del todo con los problemas reales de la gente normal, cuando ha comenzado a aparecer esa nueva hornada de héroes y heroínas.

Harían bien en reconocer los héroes de antaño este nuevo fenómeno. Haríamos bien en reconocer que el antifranquismo militante que practicamos hace 40 0 50 años no tiene ya el monopolio del heroísmo en España. Porque en los nuevos héroes y heroínas de hoy está el fermento escondido y las semillas dispersas de lo que llegará a ser una nueva definición de la política y la esperanza de una nueva sociedad justa, incluyente, sostenible y global.

Y por favor, que no cunda la melancolía!: si son capaces de ver más allá del pasado, también aquellos héroes que fueron se pueden reenganchar y apoyar las nuevas gestas que se están cociendo ante nosotros…

 

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