Feminismo: más igualdad partiendo de las diferencias?

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Me acerco al tema del feminismo con respeto y no estoy convencido de que lo que diga sea acertado o útil. Además, en esta reflexión no puedo hablar  de cómo se está desarrollando el problema y sus soluciones en algunos sitios: lo que ha pasado en China,  o la herencia cultural “socialista” en otras latitudes (Este Europeo etc…), porque lo desconozco.

En los países occidentales, la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es una de las luchas más largas en la historia de la justicia social y aún no ha acabado. Sin embargo, particularmente en los últimos 30 años ha tenido avances espectaculares. Con perspectiva histórica, nos ha tocado vivir el momento en el que el 50% de la sociedad se ha levantado y ha dicho: “Hola, buenas! Estamos aquí!”

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Si se mira con esa perspectiva histórica el desarrollo de esta lucha ha seguido una pauta específica: durante los últimos tres siglos la sociedad se ha impuesto el cumplimiento político de una serie de metas . Y las mujeres, a través de diversas “olas” del movimiento feminista, han aprovechado esos hitos como el norte de sus propias reivindicaciones, – a pesar de que, como diría Amelia Valcárcel siempre hayan sido la “hija no querida” de dichos progresos.

Repasando rápidamente hasta la fecha, los ideales ilustrados del siglo XVIII establecieron los valores de igualdad, libertad y solidaridad, que dieron pie a la “Vindicación de los derechos de las mujeres” de Mary Wollstonecraft, fermento del feminismo posterior.

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Más tarde, en el siglo XIX, los ideales liberales del voto individual y la educación universal establecieron otro listón que fue tomado por las sufragistas cuya lucha se prolongó a lo largo de 80 años, y en España hasta bien entrado el siglo XX.

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En la postguerra de la II Guerra Mundial, la maduración del Estado de bienestar dio pie al surgimiento de los “nuevos movimientos sociales”, en los que el movimiento feminista ocupó un lugar de extremada importancia.  La novedad fue que cobró dos formas: el “feminismo de la igualdad” y el “feminismo de la diferencia”.

Oigamos, en palabras de una filósofa del feminismo de la diferencia, Victoria Sendón, la división que se comenzó a dar, y que aún perdura todavía:

“(…) En los primeros setenta, las hijas del 68 nos encaminamos hacia dos feminismos diversos (…) Unas eligieron lo urgente y otras nos encaminamos hacia lo importante (…) las feministas de lo urgente se lanzaron hacia la ardua tarea de cambiar las leyes para las mujeres en un entorno de mejoras sociales. Había que librarse del estatuto de sometidas y acceder al de iguales, al de ciudadanas (…) Otras, que sin duda apoyábamos todos esos cambios, debatíamos sobre cuestiones que nos parecían más importantes porque cambiaban la vida. Empezamos a contarnos las experiencias vividas en “grupos de autoconciencia”, las inquietudes y dudas referentes a la sexualidad y a las opciones en torno a ésta. (…)  Las feministas de la igualdad continuaban con sus campañas militantes y sus apoyos teóricos más académicos. (…) Pero también aportando investigaciones sociológicas y de otro tipo, que han servido para los consabidos “planes de igualdad” que la Administración tuvo que poner en marcha gracias a la presión y a los trabajos de aquellas mujeres. Nosotras, las de la diferencia, nos metimos en rollos más psicoanalíticos. No en vano había sido Freud el primero en plantear, de modo más o menos científico, la indescifrable sexualidad femenina. (…) El feminismo de la igualdad enfrentó un mundo androcéntrico con un espejo crítico. El de la diferencia exploró con su speculum nuestras propias ignotas diferencias para, desde ahí, crear un mundo”.

Como se desprende de esta cita, el “feminismo de la igualdad” bebió en las fecundas aguas de la lucha por la justicia social, y aspiraba a la igualdad de las mujeres con los hombres en todos los órdenes de la vida.

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De modo consecuente con los valores del Estado de bienestar, utilizándolos una vez más como el listón que saltar, se ha propuesto metas que aún están vigentes: pleno empleo para las mujeres e igual poder dentro del Estado. Si se analizan los centros de gravedad del feminismo de comienzos del siglo XXI, queda claro que son por un lado las cuestiones relacionadas con la participación de las mujeres en el mundo laboral, y por otro lado la lucha por el acceso al poder político de las mujeres a través de la “democracia paritaria”.

Queda aún mucho que lograr. Por ejemplo, aunque las mujeres se han incorporado en masa al mundo laboral, sin embargo, persisten desventajas evidentes en cinco terrenos clave: menor tasa de actividad, más paro, segregación ocupacional, menor remuneración y dificultades para acceder a los puestos de mando.

En cambio, el “feminismo de la diferencia”, quizá carente de ese caldo de cultivo de movilización social, se ha refugiado en opciones vitales y en una producción teórica que no ha llegado a prender en sectores amplios y que, en casos extremos, se ha ensimismado aplicando los esquemas de la lucha de clase a la lucha de géneros.

Sin embargo, quizás hemos llegado a un punto de la evolución en el que al feminismo de la igualdad le haría falta volver un poco sobre sus pàsos para dar más importancia a las diferencias en las nuevas luchas por la igualdad. El avance indudable que se ha dado en los últimos treinta años hacia la igualdad de las mujeres con los hombres en el ámbito laboral y el político quizás ha sido algo igualitarista, al precio de renunciar en alguna medida a su propia diferencia

Aventuro que en el futuro aspectos importantes de la lucha por la igualdad para las mujeres debería construirse también a partir de la afirmación de las diferencias. No es un terreno fácil porque implica romper en ocasiones con lo políticamente correcto. Pero lo que se niega por la puerta, se cuela por la ventana: hoy tenemos problemas para los que, sin partir de la diferencia, difícilmente existirá una solución:

  • En los países en los que el feminismo de la igualdad ha cosechado éxitos, la tasa de natalidad está cayendo. Esto tiene que ver con las dificultades añadidas que encuentran las mujeres para realizar una carrera profesional y, al mismo tiempo, tener hijos y criarlos a tiempo completo aunque sea durante un periodo de tiempo relativamente corto. La política aún no ha encontrado solución al problema de que la mujer es diferente al hombre en las tareas reproductivas y que si no se construye la igualdad de oportunidades laborales y profesionales a partir del respeto a esa diferencia, el resultado es el lento suicidio a largo plazo de países enteros que, sencillamente, dejan de reproducirse. Por qué las mujeres han de elegir, de hecho, todavía, a estas alturas de la historia, entre ser madres o ser profesionales si como mujeres deberían tener pleno derecho a ambas cosas? Porqué las mayores tasas de desempleo de larga duración se dan tradicionalmente entre las mujeres mayores de 45-50 años, edad que coincide muchas veces con el momento de su segundo ingreso laboral? Sí, ya lo sé: los ideales de la igualdad deberían conducir a que los hombres asuman su paternidad de modo responsable y casi igualitario con la maternidad. Y eso está bien, es necesario, pero no es suficiente, pues en tanto eso ocurre, Europa y España se suicidan demográficamente hablando.
  • Existe una ausencia significativa en las empresas de políticas, procedimientos y sistemas de control en todos los campos que se refieren al respeto a la diferencia femenina: de acuerdo con una investigación que dirigí dentro del Pacto Mundial en España en 2004 “las áreas en las que las grandes empresas españolas deben progresar más son las políticas contra el acoso sexual y contra el acoso moral, los procedimientos de disputa y queja, la igualdad de sexos en el trabajo y la conciliación de la vida laboral y familiar. Particularmente importante es que la mitad de las grandes empresas españolas no disponen de políticas y procedimientos contra el acoso sexual y el acoso moral (mobbing). Por qué no pensar en políticas y disposiciones legales en estos terrenos? Por qué la conciliación de la vida personal y familiar no nos ha hecho, todavía, abandonar  los absurdos horarios de trabajo que tenemos en España? Por qué prohíbe la Unión Europea la discriminación positiva de la mujer para supuestos como la selección de personal directivo?
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  • El terrorismo machista está pasando a convertirse en un problema de dimensiones nunca vistas en países como España. Es evidente que el “feminicidio” debe de ser combatido como un fenómeno especial con leyes especiales y tribunales especiales. Pero sin una nueva educación de base que cambie los estereotipos de lo que es ser hombre y qué es ser mujer, sin que los arquetipos femeninos actuales no se vean sustituidos por nuevos arquetipos culturales de lo que es la femineidad real, este problema persistirá. Por qué las mujeres no se pueden presentar como lo que realmente son, evitando así todo el trauma de socialización por el que han de pasar en su pubertad y juventud? Por qué consideramos la menstruación un tabú a esconder, cuando es un tema molesto, muchas veces doloroso, recurrente cada mes, y que influye en el rendimiento profesional?
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Sugeriría que quizás nos estamos olvidando de respetar la diferencia como criterio para la igualdad. Quizás ese paso tenga que comenzar en el lento terreno de una construcción cultural que defienda que mujeres y hombres son miembros diferentes y ambos de pleno derecho de la Humanidad, y que esa diferencia debe ser explícitamente reconocida y respetada. Se necesita un cambio público de los arquetipos, los símbolos y las conductas. Si se emprendiera ese camino con la vista puesta en formular nuevas políticas, que también partan de la diferencia como elemento importante para lograr la igualdad, yo creo que se podría avanzar mucho a partir de lo ya logrado.

 

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