No te gusta la palabra “neoliberalismo”? Pues vives en él…

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gustavo y neoliberalismo

Creo que hay que recuperar el concepto de neoliberalismo…suena a término caduco y demagógico, propio de la izquierda vociferante y sin alternativas reales. Pero es un concepto necesario, pues es el mejor modo de describir la realidad económica en la que vivimos. Déjenme que me explique…

El neoliberalismo no es una ideología. No es exclusivamente la doctrina de los mercados sin control, del Estado enano y de los seres humanos con el puñal en la boca compitiendo a muerte entre ellos que pusieron en boga Thatcher y Reagan allá por los lejanos años 80…

Es, ante todo y sobre todo, un sistema económico y social real, de casi 25 años de existencia, vivo y en evolución, con características precisas en el que nacemos, vivimos y nos afanamos cada día. Esto es extremadamente importante: la política de la izquierda puede intentar combatir una ideología con otra. Pero es un acto plenamente voluntarista e inefectivo, si no se entiende que lo que hay enfrente es un sistema económico real, que estamos inmersos en él y que destila constantemente su propia justificación.

Para que la alternativa política de la mayoría desfavorecida adquiera nuevos aires y deje de estar a la defensiva (que es lo que ha ocurrido desde hace 25 años) es necesario, ante todo, comprender el sistema económico y social neoliberal, sus características, y tener claros sus límites.

Es lo que intentaré con brevedad y la mayor concisión posible en este “post”.

Siguiendo las inspiradoras ideas de Paul Mason en su libro Postcapitalism, yo diría que el neoliberalismo como sistema económico tiene cinco características principales:

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1. Su primera característica es la precarización del trabajo en los países desarrollados: los salarios son cada vez menores para la mayoría, y éste es el resultado de la destrucción del poder organizado de los trabajadores, ocurrido entre 1980 y el comienzo del siglo XXI.

Durante las últimas dos décadas del pasado siglo se emprendió un ataque sistemático contra el poder de los sindicatos en muchos países desarrollados. Esta quiebra de la organización de los trabajadores se materializó de múltiples maneras, – desde la abolición de los “closed shops” en el Reino Unido o Australia hasta las limitaciones públicas crecientes a la negociación colectiva, – que hicieron que el porcentaje de trabajadores cubiertos por ella descendiera en el Reino Unido  en 23 puntos, en 8 puntos en los EEUU y Australia, o en 5 puntos en Japón y Holanda entre 1980  y 1990. Por primera vez en toda la historia de la industrialización, los poderes políticos se dedicaron a quebrar o limitar el poder organizado de los trabajadores, y esto se ha dado comovresultado que en los últimos veinticinco años se haya producido un descenso generalizado en la afiliación sindical. Como consecuencia, en la actualidad tres de cada cuatro personas empleadas en la UE no son miembros de un sindicato, y se estima que, a medio plazo, el nivel medio de la sindicalización en toda la UE caerá aún más – del 16,0% en la actualidad a poco menos de 11% en 2020.

Por supuesto, el correlato de la destrucción del poder organizado de los trabajadores ha sido la proliferación de nuevas modalidades de contratos-basura, aumento enorme de la temporalidad,  nuevas formas de explotación como los “falsos autónomos”, deterioro continuado de los salarios y en general pérdida de peso de las rentas de los trabajadores excepto los más cualificados. La consecuencia directa de esta tendencia ha sido  el aumento de la desigualdad. Generalmente, se tiende a pensar que el aumento constatado de la desigualdad en los países desarrollados tiene que ver con la crisis. Es hora de deshacer esta falsa idea. La tendencia a la desigualdad se está produciendo en los países que tienen un sistema económico neoliberal y comenzó en los años 80 y 90 del pasado siglo.

El panorama mundial a largo plazo, entre 1988 y 2008 ha sido bien analizado por Christoph Lakner y Branko Milanovic  (http://www.voxeu.org/article/global-income-distribution-1988) compilando las ganancias porcentuales de renta de todos los habitantes de todos los países. Los ganadores en estos 20 años han sido por un lado el 5% de las rentas más altas, que contabilizaron el 44% del aumento de toda la renta mundial entre 1988 y 2008. Al mismo tiempo, las clases medias del  Asia resurgente (China, Indonesia, Tailandia o India) y países de América Latina, casi doblaron sus rentas. Pero los ciudadanos que no han visto incrementos importantes de su renta, o que han visto  disminuir su renta en esos 20 años, proceden, por un lado de las sociedades africanas, y por otra parte de las “economías maduras”, los países de la OCDE, el mundo rico.

En España las desigualdades en la renta ya se estaban fraguando antes y se duplicaron durante la crisis. La diferencia entre la renta per cápita y la renta de la mayoría aumentó entre 1995 y 2007 en 21,5%. Y entre 2008 y 2013 esta diferencia creció  otro 23,2%.

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2. El segundo rasgo característico del neoliberalismo es la “financialización” de la sociedad

“Finacialización” (un nuevo concepto acuñado por Paul Mason) significa la irrupción del crédito en la vida diaria de la gente. Con ella se logra mantener el nivel de consumo de la mayoría no tanto con salarios dignos, sino a través de infinitas facilidades crediticias.

Lo que la mayoría ya no gana a través de su trabajo lo sustituye con créditos y de este modo se “medio mantiene” el nivel de consumo en la economía – por supuesto con crecimientos económicos muy bajos y casi de estancamiento económico (como ya se reflejaba en el “post” que publiqué sobre las perspectivas económicas de la OCDE para los próximos cincuenta años).

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3. El tercer rasgo del sistema económico neoliberal es el “hiperdesarrollo” creciente del sector financiero de la economía frente a la economía real.

Esto por supuesto no significa la simpleza de que la economía real no necesite un sector financiero para desarrollarse y crecer. Pero tampoco  puede significar que a través de una complejidad cada vez mayor del sistema financiero, éste se autonomice de la base productiva de la economía. La “financialización” de la sociedad se hace posible a través de un sistema cada vez más complejo de productos financieros, – algo que fue posible una vez que se difuminó en 1999 la división entre banca comercial y banca de inversión/banca en la sombra, al anularse la Glass-Steagall Act de 1933 en los EEUU.

Unamos las tendencias de financialización de la sociedad y de hiperdesarrollo del sector financiero. El panorama que surge es que los ciudadanos van transitando desde una posición en la que su trabajo laboral es fuente de beneficios para el capital a otra situación en la que también se van convirtiendo en objetos codiciados de deseo por parte del sistema financiero. Como asegura Paul Mason, hoy puede ser más rentable (pude dar más retornos al capitalismo) una madre monoparental que vive de subsidios y que está constantemente recurriendo al crédito a corto plazo a través de infinitas posibilidades crediticias, que un trabajador fijo en una factoría de automóviles.

El hecho es que las actividades del sistema financiero están aumentando en nuestras sociedades de modo imparable. Si tomamos el año 2000 como referencia, los porcentajes de contribución del valor añadido del sector financiero al crecimiento total eran, en el caso de la Unión Europea, el Reino Unido y los EEUU respectivamente del 24,2%, 24,9% y 28,9%. Para 2014, se había producido un incremento notable con un aumento continuado a lo largo de estos 14 años hasta el 27,3%, 32,5%, y 30,4% (2013) respectivamente. Dicho de otro modo, existe una tendencia imparable a que las actividades financieras (intermediación financiera, rentings y sector de inversión inmobiliaria) vayan ocupando cada vez más parte del crecimiento económico en los países desarrollados. El problema es que el valor añadido producido por el dinero sobre el dinero no puede, en el largo plazo, significar un crecimiento real de las actividades económicas…

Estas dos tendencias, la financialización y el hiperdesarrollo financiero se correlacionan con la tendencia que analizo a continuación.

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4. El “hágase el dinero”

El “hágase el dinero” (“Fiat Money” en la caracterización de Paul Mason) es una política recurrente de expansión del dinero en la economía. La respuesta a cada desaceleración de la economía por parte de las autoridades públicas ha sido y sigue siendo el recurso a la creación de dinero, que hace que casi todo el mundo desarrollado viva en una creciente espiral de deuda.

Decía el Mckinsey Global Institute en Febrero 2015: “Siete años después de que el estallido de una burbuja crediticia mundial diera lugar a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, la deuda sigue creciendo. De hecho, en lugar de reducirse el endeudamiento, todas las grandes economías tienen hoy niveles de endeudamiento en relación al PIB mayores que en 2007” (http://www.mckinsey.com/insights/economic_studies/debt_and_not_much_deleveraging ).

Este rasgo es intrínseco al sistema neoliberal: la burbuja crediticia que ocasionó la crisis había surgido de la expansión monetaria que se utilizó para curar el parón económico causado por la burbuja tecnológica de principios de siglo. Ahora, en vez de aprender del pasado, la nueva crisis pretende ser curada con el mismo veneno: una nueva expansión monetaria, el “quantitative easing” de los EEUU que, al final, también ha sido adoptado por la UE desde Marzo de 2015.

Esta característica del sistema económico neoliberal tiene dos consecuencias, que apuntan a la inestabilidad del modelo:

  • Por un lado, las expansiones monetarias sitúan los tipos de interés a niveles insignificantes, y, en consecuencia, borra los riesgos. En el sistema neoliberal todos los grandes conglomerados económicos, particularmente los financieros, saben que hagan lo que hagan, serán rescatados, de modo que se va reproduciendo la fórmula como remedio ante los parones económicos y como causa de los mismos, en un carrusel de expansión monetaria.
  • Por otra parte esta característica ocasiona un problema añadido que el modelo económico neoliberal parece incapaz de resolver: un crecimiento constante de la deuda. Ese rasgo definitorio no ha cambiado ni antes de la crisis, ni en la crisis, ni después de la crisis. De hecho, a la salida de la crisis, avanzamos firmemente hacia una deuda global que asciende a tres veces el tamaño de la economía de todo el planeta.

En el pasado, entre 1950-1980 la deuda global (incluyendo la deuda pública, la corporativa, la financiera y la de los hogares) se mantuvo en niveles cercanos al 100% del PIB. Fue entrando en los años 90 cuando comenzó su imparable subida, que aún continúa. Si en 2000 representaba un 246% del PIB global, en 2007 había ascendido al 269% y en 2014 al 289%.

La deuda europea no ha cesado de crecer entre 2007 y 2014, de modo que la mayoría de países europeos, excepto Alemania, superaban con creces un aumento de su deuda respecto al PIB por encima del 30% y se aproximaban a una deuda total superior al 300% de su PIB.

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Dejaré para otro momento el quinto rasgo del sistema económico neoliberal:  los desequilibrios globales, entre países altísimamente endeudados y países que acumulan vastas reservas de divisas, pues es un tema propicio para analizar dentro del mismo lo ocurrido en Europa con sus políticas de austeridad.

Un último apunte: ha sido en este contexto, en el sistema económico neoliberal, donde han surgido las tecnologías de la información, que como vimos en un “post” anterior, están engendrando, dentro del propio sistema, un subsistema naciente que crece al margen del mercado capitalista y sus precios, así como la tendencia a que el trabajo productivo vaya disminuyendo en la propia producción capitalista. En otras palabras, al sistema neocapitalista le ha salido un cáncer terminal…

En resumen: el capitalismo neoliberal nos depara un escenario a largo plazo de estancamiento económico e incremento de las desigualdades. El sistema se basa en salarios bajos y puestos de trabajo precarios, en la dictadura del crédito y la existencia de un sector financiero anormalmente desarrollado y crecientemente divorciado de la realidad económica. Las respuestas de política económica del sistema se sesgan sistemáticamente hacia la expansión monetaria antes y después de los parones económicos, y por ello ofrecen muy pocas alternativas de sostenibilidad al propio sistema…

Pero, en su seno, se están fraguando las semillas de un sistema nuevo, el sistema postcapitalista.

Hablaré en próximos “posts” sobre la transición al mismo…

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