DESIGUALDADES?: NO ES LA CRISIS, ES EL SISTEMA

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Este post no incluye muchos razonamientos teóricos, sino hechos escuetos. Lo escribo con la finalidad de contribuir al análisis de las desigualdades en nuestra sociedad.

Muchos economistas liberales consideran que la existencia de desigualdades no es mala, sino buena, puesto que, por un lado incentiva la “competición individual hacia la cima”, y por otro lado, es expresión del espíritu de progreso individual, premiando a los más esforzados, trabajadores y emprendedores en la sociedad. Estas afirmaciones no tienen mucho sentido, son generalidades, abstracciones que lo mismo pueden tener algo de sentido en un contexto concreto que resultar una sandez en otro: tal es el caso hoy. El problema hoy es que las desigualdades se van acentuando en nuestra sociedad, configurándola como extremadamente polarizada. El problema es que con razón se comienza hablar de una sociedad en la que el 80% se empobrece y el 20% tiene esas posibilidades de promoción personal. El problema es que la expresión más extrema de las desigualdades, la pobreza, amenaza o atenaza a sectores extensos de la sociedad. Y el problema es que una sociedad en la que las desigualdades entre una minoría y la mayoría se agudizan es una sociedad que se desintegra, se convierte en insostenible y, además, crece poco pues la base del consumo se debilita.

Es una creencia extendida que las desigualdades crecientes que vemos en la sociedad son un producto directo de la crisis. Esto es falso. La tendencia a una exacerbación de las desigualdades comenzó antes de la crisis, allá por los años 80 y 90 del pasado siglo. Sería bastante relevante demostrar que esta afirmación es cierta. Si lo fuera, entonces habremos de concluir que el sistema capitalista, que permitió en los años 50-70 del pasado siglo un Estado de bienestar y de cierta igualdad de oportunidades, ha cambiado, ha mutado, y ahora produce desigualdades crecientes.

Examinemos, pues los hechos:

1. Las desigualdades extremas que observamos hoy se comenzaron a gestar en los países desarrollados hace veinticinco años.

Es importante subrayar que esta afirmación se refiere a los países desarrollados, no a todo el mundo en su conjunto.

El gráfico que parece a continuación nos muestra un escenario a escala mundial. Este cuadro es ciertamente único y de un gran valor, puesto que mide entre 1988 y 2008 las ganancias porcentuales de renta de todos los habitantes de todos los países, clasificados por estratos de renta (de menor a mayor) en el eje horizontal.

BRANKO

 

Sus autores (http://www.voxeu.org/article/global-income-distribution-1988 Christoph Lakner, Branko Milanovic) nos presentan un valioso retrato de quiénes han ganado y quiénes han perdido en el reparto de la renta a escala mundial durante estos 20 años y hasta que la crisis hizo acto de presencia.

¿Los ganadores?

  • Los grupos situados en los estratos de renta entre los valores horizontales 0.2 y 0.6, es decir, las clases medias nacientes en países emergentes o en vías de desarrollo, y más en concreto, las clases medias del  Asia resurgente (China, Indonesia, Tailandia o India) y de los países de América Latina, que casi doblaron sus rentas.
  • La minoría situada en el extremo cercano al 1 de esta distibución, es el 1% de mayores rentas. Abundando en este aspecto, el 5% de las rentas más altas contabilizaron el 44% del aumento de toda la renta mundial entre 1988 y 2008.

¿Los perdedores?

  • De modo relativo, las clases populares, rurales, etc…en las sociedades pobres, sobre todo en las africanas, reflejadas en los estratos entre el 0 y el 0,2.
  • Pero el dato más elocuente de esta gráfica es que refleja con meridiana claridad que son los estratos sociales situados entre el 0,6 y el 0,9 los grandes perdedores que han visto cómo sus rentas se estancaban o, incluso retrocedían en los 20 años previos a la crisis. Y esos no son otros que las clases trabajadoras y medias de las “economías maduras”, los países de la OCDE, el mundo rico.

Si examinamos más de cerca la naturaleza de las desigualdades y como se gestaron, podemos comprobar que se han ido manifestando en tres tendencias que se refuerzan entre sí y que se analizan a continuación.

2. Las diferencias crecientes de renta entre un 20% de ciudadanos y el 80% restante se comenzaron a fraguar en los años 90 del siglo pasado.

Una primera tendencia es que los que más renta ganan han ido aumentando sus ganancias en relación a  la mayoría de ciudadanos. Esto es comprobable en España si observamos la evolución a lo largo de los años de la renta per cápita y de la mediana de la renta de los españoles. La mediana de la renta es aquélla en torno a la que se agrupa la renta que perciben la mayoría de ciudadanos. Cuando la renta per cápita aumenta más rápidamente que la renta de la mayoría esto significa que los segmentos de renta más alta de la sociedad van ganando terreno en relación al ciudadano normal.

Esa tendencia ya existía antes de la crisis: la diferencia entre la renta per cápita y la renta de la mayoría aumentó entre 1995 y 2007 en 21,5%. Y entre 2008 y 2013 esta diferencia creció  otro 23,2%. Se puede decir, por tanto, que las desigualdades en la renta ya se estaban fraguando antes de la crisis.

Esto no solamente ocurre en España: desde 1975 se observa la misma tendencia en los EEUU, de modo que, para 2010 la renta per cápita se había alejado 80 puntos respecto a la renta de la mayoría de la población.

La polarización de las rentas se está convirtiendo en la pauta normal incluso en el ámbito estadístico. Siempre hemos creído que todo tipo de población se distribuía de un modo normal, a través de una distribución en forma de campana, la “campana de Gauss”: con unos segmentos minoritarios de la población, equidistantes y similares, situados en las colas de ambos extremos y con la mayoría engordando la parte central de la campana. Últimamente se comienza a hablar de otras distribuciones estadísticas que describen mejor la distribución de la renta en los países desarrollados: las llamadas distribuciones de “ley de potencias”, que se distinguen por agrupar a la mayoría en los menores valores y tener una cola larga y gruesa que se extiende hacia los valores mayores. La distribución de las rentas en España se comienzan a parecer a esta distribución: una campana en la que la mayoría se agrupa en los segmentos menores de rentas y una larga cola que va cubriendo tramos importantes hacia las rentas más elevadas. El gráfico siguiente nos muestra esa distribución de las rentas españolas en 2010 (http://www.ine.es/daco/daco42/salarial/prinre10.pdf), y las desigualdades que expresa:

 

CURVA DE POTENCIAS

Esto tiene un significado muy preciso: la era de las distribuciones en forma de campana, que suponían una clase media abultada se ha acabado. Ahora estamos inmersos en el capitalismo del 20% frente al 80% y esto se refleja hasta en las gráficas estadísticas que hemos de utilizar.

 3. La tendencia a una polarización de la renta entre una minoría y la mayoría se ve reforzada por el fenómeno de los “superstars”

Hay una segunda tendencia respecto a las desigualdades crecientes de la renta (formulada por Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee en “The second Machine Age http://secondmachineage.com ), que conviene resaltar: vivimos en una sociedad donde las diferencias de renta entre los ciudadanos normales y los “superstars”, los supermillonarios o los “billionarios” se han disparado de modo descomunal.

En los años 60 la diferencia entre la paga de altos ejecutivos y los salarios medios se situaban en torno a 40. Pero ya en 2006, es decir, antes de la crisis, cuando el salario medio español era de unos 19.700 euros, la paga de altos ejecutivos superaba entre 100 y 500 veces ese sueldo medio.

La situación se ha mantenido sin variación a lo largo de la crisis y a su salida: si el salario medio de los españoles en 2012 fue de 22.700 euros, el salario promedio de un consejero ejecutivo de una gran empresa del Ibex35 ascendía a 2,9 millones de euros anuales (https://www.cnmv.es/portal/Publicaciones/Informes.aspx) 126 veces el salario medio español.

Pero el fenómeno de los “superstars” no se ha circunscrito solamente al ámbito de la gestión empresarial. También los hemos visto surgir en campos tan dispares como los emprendedores de innovaciones tecnológicas de éxito, el arte, la literatura, los deportes o la moda.

Como ejemplo, el siguiente “infographic”:

SUPERSTARS

4. En el reparto de la renta, el capital va ganando terreno al trabajo.

 Esto es también fácilmente comprobable estadísticamente (http://economia.elpais.com/economia/2013/02/28/actualidad/1362079622_855263.html )

En el año 2000 las rentas del trabajo representaban el 49,6% del PIB. A lo largo de la década fueron disminuyendo su participación hasta llegar al 44,2% en 2012.

Mientras tanto, las rentas del capital, que en el año 2000 representaban el 40,4% del PIB ascendieron a lo largo del período para representar en el año 2012 el 46,1% del PIB. Ese fue el año en el que se invirtió la tendencia y las rentas del capital obtuvieron una cuota mayor del PIB frente a las rentas del trabajo.

Esta supremacía no tiene a la crisis como su explicación puesto que la disminución de las rentas del trabajo y el aumento de las del capital eran trayectorias establecidas, al menos, desde el año 2000.

CAPITAL Y TRABAJO

 

Resumiendo: la crisis económica ha exacerbado las desigualdades. Pero la carrera hacia una sociedad más y más desigual comenzó el siglo pasado, y se ha ido materializando en términos de una polarización creciente entre una mayoría de ciudadanos y un 20% que perciben partes crecientes de la renta.

Esto se acentúa con la emergencia de los “superstars”, el 1% que se va despegando del resto de los mortales en términos de renta.

Y se refleja, además en una tendencia a que el capital se lleve la parte mayoritaria de la renta frente al trabajo.

Unamos a esto la predicción, realizada por la OCDE y reseñada en un post anterior de que se espera para los próximos 50 años, aumentos entre un 17% y un 40% de las desigualdades. Y comprenderemos que se pueda decir, con razón, que el problema no es la crisis, el problema es el sistema: un capitalismo que, desde los años 90 ha abrazado un modelo económico neoliberal que se está haciendo insostenible, entre otras razones, porque está generando desigualdades extremas que amenazan a la sostenibilidad del propio sistema.

He evitado cuidadosamente en este “post” hablar de las causas de esta exacerbación de las desigualdades en las sociedades desarrolladas. Es el tema que abordaré en la próxima entrega.

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