Después del 20D – Solo existen dos escenarios

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Parece inescapable que incluso los que los dedicamos al pensamiento económico hagamos alguna vez, como en esta ocasión, un análisis político. Al fin y al cabo, las consecuencias del 20D determinarán el marco económico de nuestro país.

Con los resultados en la mano, con cuatro partidos con resultados por encima de tres millones de votos, hay que descartar una solución inmediata: no va a haber un gobierno de mayoría, pues no hay combinación posible que arroje como suma 176 diputados. La única combinación posible, un gobierno de coalición del PP y el PSOE no tiene ninguna posibilidad de materializarse: es muchísima la distancia que separa a ambas formaciones en casi todos los órdenes de la política – desde la regeneración democrática, pasando por la política económica o la relativa al empleo, hasta el abismo que los enfrenta en las políticas sociales. No hay ninguna narrativa común que justifique un acuerdo de gobierno de esta naturaleza.

Por lo tanto, habrá una segunda vuelta, en la que el presidente del gobierno será investido con una mayoría simple (con más síes que nones y contando con posibles abstenciones). Barajadas todas las combinaciones posibles solamente existen dos soluciones (con variaciones de detalle) para lograr una mayoría simple. Que se avance con una o con otra depende, en primer lugar, de la posición que adopte el PSOE.

La primera alternativa es que el PP obtenga la investidura en segunda votación con la abstención de Ciudadanos y el PSOE.

La segunda alternativa es que el PSOE obtenga la investidura con el voto favorable de Podemos, IU y el PNV, y con la abstención de los independentistas catalanes.

No hay que perder de vista a priori ninguna de estas dos alternativas, pues ambas tienen recorrido (y, por supuesto, problemas).

La primera es la defendida por el PP, y tiene en Ciudadanos  un segundo valedor. Ambos están incitando al PSOE a la abstención para que el PP gobierne en minoría.

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El terreno de juego que se crearía con esta alternativa sería, en cualquier caso, inédito. Una vez pasado el fragor de la lucha electoral, estarían en oposición un PSOE socialdemócrata, Podemos que en muchas materias se autodefine también dentro de dichas coordenadas y Ciudadanos que se confiesa demócrata liberal con una dimensión social. Con sus programas en la mano cabría imaginar acuerdos mayoritarios a tres bandas entre estas tres fuerzas parlamentarias, en asuntos en los que están cercanos, colocando al gobierno del PP contra las cuerdas. Algunos temas en los que cabe imaginar esto se refieren a la regeneración democrática, la orientación del crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y un buen ramillete de políticas sectoriales.

En este terreno de juego el PSOE podría poner en valor su mayor experiencia parlamentaria y de gobierno, llamando a una “oposición concertada” que determine a priori campos e iniciativas.  Pero, para que funcione, será preciso que el realismo político se abra camino en los partidos emergentes y prime su afán reformista sobre sus ansias de hegemonía y rápido crecimiento. El PP habría de trasmutar por completo su estilo político e intentar neutralizar esa perspectiva de “oposición concertada” con propuestas que, por el momento, van mucho más allá de su estilo, programa y perfil ideológico. Aparte de todos los aspectos señalados – constructivos unos y problemáticos otros -, un elemento importante de este escenario es que no propiciaría un diálogo o una negociación en torno a la soberanía catalana, con lo que el pulso con el independentismo catalán continuaría.

El segundo escenario es que el PSOE, con el apoyo de Podemos, IU y del PNV obtenga la investidura sobre la base de la abstención de los independentistas catalanes.

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¿Qué tipo de propósito común podría propiciar esta solución?: el compromiso de avanzar hacia una nueva definición del marco constitucional español que incluya el carácter plurinacional de España y las posibilidades de consulta en torno a la soberanía. Las líneas rojas trazadas por Podemos en la noche electoral indican claramente que es este el escenario en el que contemplaría un acercamiento al PSOE.

Hay razones de realismo político que también avalan un recorrido a esta alternativa de gobierno: las fuerzas políticas que se van inclinando hacia una exploración de nuevas avenidas constitucionales respecto a la soberanía han crecido en España con las elecciones generales del 20D. De la noche a la mañana España cuenta con un 31% de ciudadanos que apoyan una nueva forma de resolver los problemas del soberanismo. El independentismo catalán, muy quebrantado por su falta de acuerdo en torno al liderazgo y con dramáticos desplazamientos internos, ha perdido solamente dos escaños y 100 mil votos, y sigue teniendo el apoyo de 1,1 millones de ciudadanos catalanes. Y las coaliciones electorales que defienden la naturaleza plurinacional de España aglutinadas en torno a Podemos suman más de cinco millones de ciudadanos que han votado esta perspectiva.

Este escenario es, sin lugar a dudas mucho más rupturista que el anterior, el único en el que el PP pasaría a la oposición, y el único que podría intentar diseñar y llevar la iniciativa de un programa socialmente avanzado.

Pero, probablemente, incluso aunque presuponga para el PSOE dirigir el gobierno de la Nación, pudiera ser por el momento inasumible dentro de las filas socialistas.

 

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