Postcapitalismo: una revolución en el pensamiento de izquierdas

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Una revolución: eso es lo que creo que va a significar el pensamiento de Paul Mason y su libro “Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro”[1] que presentó el 29 de Febrero de 2016 en Madrid.

A diferencia de Thomas Piketty, su visión no se refiere solamente a un aspecto del capitalismo, las desigualdades que genera. Ni se refiere a la crítica del modelo económico actual y las opciones equivocadas que toma, como en el caso de Krugman o Stiglizt, o a la crítica moral del sistema, como Amartya Sen o Christian Felber.

Paul Mason hace un análisis relativamente novedoso del sistema capitalista y de cómo ha llegado a adoptar el modelo neoliberal. Lo hace de modo extensivamente informado y ameno, señalando todos los rasgos de la economía dominante: el destrozo del poder organizado de los trabajadores desde los años 80, y sus consecuencias de aparición del precariado y la aparición de las sociedades desarrolladas “desiguales”; la financiarización de la economía, por la que se va manteniendo los niveles de consumo partir de la explosión crediticia como sustituto de buenos salarios; la política de expansión monetaria que se usa como remedio habiendo sido causa de las últimas burbujas y pinchazos; la explosión imparable de la deuda a escala global…

Pero no solamente realiza un análisis, sino que demuestra bastante convincentemente que el capitalismo ha agotado ya su capacidad de readaptarse.

A partir de aquí podría Mason haber tomado la senda moral de denunciar lo que hay, y expresar lo que debería haber. Pero, y esta probablemente es la gran originalidad de su pensamiento, analiza lo que está ocurriendo en el propio sistema capitalista y aísla varios elementos que suponen que al capitalismo le ha surgido en su propio seno las semillas de un sistema diferente.

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Son tres los elementos que nos presenta, todos ellos relacionados con la irrupción de la economía digital. Su argumento fuerte, más allá de las explicaciones al uso de que la economía digital va a traer desempleo, o mayores desigualdades, va más allá en tres aspectos.

– Por un lado defiende que la economía digital esconde en sus entrañas una tendencia a ir haciendo gradualmente innecesario el trabajo productivo. Rescata así, otra vez de modo muy convincente, la teoría del trabajo como fuente de valor (marxista, pero originaria en Adam Smith y David Ricardo). No es que el trabajo desaparezca. Es que el mercado va a necesitar cada vez menos trabajo para producir.

-Por otro lado, define la información, el input de la economía digital, como una materia prima que nada tiene que ver con otros recursos productivos en la historia. La información es un recurso infinito que, por su propia naturaleza, quiere ser libre. Y este fenómeno nos enfrenta con la verdadera naturaleza de monopolios artificiales y, a la larga, inefectivos con los que están surgiendo las grandes empresas de la información.

– Y, finalmente, como prueba empírica, analiza el imparable ascenso de nuevas actividades “productivas” que crecen fuera del sistema capitalista, con “precio cero”, absolutamente al margen de las dinámicas del mercado. Arroja, de este modo, una nueva luz a las nuevas formas de “economía colaborativa”, desde Wikipedia hasta el software libre o la producción de contenido colectivo a través de las nuevas redes sociales.

A partir de estas tendencias, Paul Mason concluye que nos encontramos ya en una transición a un nuevo sistema, que a falta de otro nombre, llama “postcapitalista”.

Y la parte final de su pensamiento, probablemente la que necesita de más maduración, debate y diseño está dedicada a cómo se puede favorecer, desde la política, esa “transición”.

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Que aporta, pues, esta visión del “postcapitalismo”?

Por un lado constituye la denuncia más clara que yo haya visto hasta la fecha de la situación de caos en la que se encuentran las economías, sea  a escala nacional o internacional. Un caso que ha sido ratificado por la reciente reunión del G20, donde los líderes políticos de las naciones más poderosas de la tierra a duras penas se han puesto de acuerdo en que se necesitan nuevos esfuerzos para sacar al mundo de la amenaza de un horizonte de deflación, se ha reconocido que las políticas de expansión monetaria están tocando fondo pero no se ha sabido decir qué se puede hacer para salir de la situación actual.

Por otro lado da una luz de esperanza frente a esta situación. Pero no lo hace desde una posición moral a la que tan acostumbrados estamos: que la situación que tenemos hoy en el mundo desde el punto de vista ecológico, social o económico es denunciable, no deseable e insostenible lo vienen diciendo muchos y de modo creciente, comenzando por la propia organización de Naciones Unidas o el Papa Francisco, por poner ejemplos de referencia. Pero la denuncia y la condena no conducen a la resolución de los problemas. Paul Mason nos viene a decir, por el contrario, que el sistema capitalista que está agotando su propia capacidad de adaptación está, al mismo tiempo, generando las condiciones de su propia superación por un nuevo sistema.

Y no; no se trata de reproducir los mecanismos del mercado con sistemas como la planificación fracasada de los regímenes comunistas. Se trata más bien de una transición a un nuevo sistema en el que las actividades productivas se van a ir independizando del mercado y se van a ir convirtiendo en libres y accesibles para todos.

El pensamiento de Paul Mason es tan irresistible que puede  ser entendido como una llamada a la acción inmediata, en busca de una nueva izquierda que reme en la misma dirección incluyendo desde las opciones políticas antisistema hasta la socialdemocracia adaptada a los tiempos que corren. Y razones no faltan: desde una situación económica a escala mundial que pide a gritos soluciones frente a un posible colapso, pasando por una Europa que puede ver caer el Tratado Schengen en los próximos meses, hasta la situación de descoyuntamiento social, desempleo y debilidad de las bases del crecimiento económico que vivimos en nuestro país.

Pero no lancemos las campanas al vuelo: ni una convergencia del centro-izquierda y la izquierda va a ser tan fácil de lograr, como estamos viendo ahora en tiempos de formación de un gobierno del cambio, ni, a pesar de la brillantez del libro de Mason, tenemos ya encima de la mesa una nueva narrativa asimilable por amplios sectores del electorado de las clases medias y trabajadoras. Mason nos presenta el esqueleto, el andamiaje básico de esa nueva narrativa, pero hay que añadirle cuerpo, y elaborar nuevos mensajes simples, tan simples como los que lanzó en su día el marxismo o, más adelante, el neoliberalismo. Eso llevará tiempo y esfuerzo. Y, por otro lado, sabemos que la transición de la que habla Mason se irá desarrollando a largo plazo, entre cincuenta y cien años. Y que no ocurrirá sin accidentes, porque el 1% que resulta beneficiado del sistema actual, irracional y sin salida, lo van a defender con uñas y dientes.

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Sin embargo, lo que el “postcapitalismo” de Paul Mason marca, como no lo ha hecho hasta este momento nadie, es una nueva dirección en la que trabajar desde la política democrática en las condiciones inciertas, tormentosas y de cambios disruptivos del siglo XXI.

Notas

[1] http://www.planetadelibros.com/libro-postcapitalismo/207978

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