AHORA NO TOCA CONQUISTAR EL CIELO

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CARMENA

De las pocas nuevas frescas y alentadoras de los últimos días, hay que destacar las palabras de la Alcaldesa de Madrid: “Si somos profundamente democráticos no hay que decir ‘vamos a probar con otras elecciones a ver si hay cambio’. Con lo que tenemos, que ha sido la respuesta de la ciudadanía, hay que trabajar”.

Las palabras de la alcaldesa son un eco certero, confirmado por las encuestas demoscópicas, de lo que sienten amplios sectores de la ciudadanía que votó por alguno de los partidos que defienden un cambio frente al  PP.  Efectivamente, parece que se confirma que los partidos que se esfuerzan más sincera y claramente por formar gobierno, están siendo recompensados en intención de voto. Y los que ponen palos en las ruedas pueden perder en la jugada parte del electorado que les votó.

Por supuesto hay que excluir de este análisis al PP. A diferencia del resto, no tiene otro remedio que probar suerte con una nueva mano: desde el 20-D ha demostrado que ni sabe ni quiere jugar a los pactos, no se aparta del terreno propio y se mueve lo menos posible de sus caminos. Para el PP unas nuevas elecciones podrían suponer borrar de golpe un terreno de juego que no ha querido pisar. Hace el cálculo, y no le falta razón, de que un discurso de la estabilidad le daría réditos en esa eventual nueva cita electoral. Y más si en el camino aligera su mochila en cuanto a liderazgo.

Medidas las cosas con esta vara de medir, – la de actuar con sinceridad para lograr un gobierno de pacto,- Cs y el PSOE tienen mucho ganado, puesto que han logrado un programa de mínimos que deja atrás mucho de lo que deshizo el PP, en punto a regeneración democrática y plan de rescate social.

Es normal, por ello, que las miradas se dirijan ahora a la izquierda del PSOE, particularmente a Podemos, y muchos se interroguen por qué no adopta una nueva actitud de búsqueda sincera del diálogo y el acuerdo.

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Las explicaciones al uso a mí no me convencen. Podemos no se está cerrando en banda solamente porque las razones equivocadas: por una fijación excluyente de Cs como partido de derechas o por su insistencia en que un gobierno de izquierdas es posible si se acepta un apoyo implícito de los independentistas catalanes.

Podemos se opone al pacto también por otras dos razones de fondo.

La primera es que, aunque no tengo certezas, me da la impresión que el PSOE cedió ante Cs en algo muy importante: Cs quería conservar la iniciativa y ampliar el pacto conseguido hacia el PP, e impedir que se ampliara hacia la izquierda. El PSOE, en vez de dejar su pacto con Cs más o menos cerrado pero no proclamado, se avino a escenificar a bombo y platillo la firma de su acuerdo. Con ello lanzó un mensaje claro de contención de posibles mejoras de lo ya acordado. Es lógico que el resto de socios potenciales del PSOE, -Compromís, IU o Podemos e incluso el PNV- se sintieran como convidados de piedra ante un pacto ya esculpido, y reaccionaran con una negativa a apoyarlo. Y en el caso de Podemos al agravio general se unió además el hecho de que durante dos meses había intentado mantener la iniciativa en todo momento en su carrera de competencia con el PSOE.

La segunda razón consiste en que Podemos no está de acuerdo con algunos de los puntos firmados por Cs y el PSOE. Creo que estos puntos giran en torno a temas como la subida del Salario Mínimo Interprofesional, la derogación de la reforma laboral, la reforma del IRPF o la negociación con Bruselas para acordar una nueva senda del déficit público. Yo entiendo que, para aquellos que el cambio debería suponer algo más que lo acordado hasta la fecha, estos puntos sean centrales, y más teniendo en cuenta la situación de callejón sin salida que ha aportado al mundo en general y a España en particular las políticas neoliberales. Por ejemplo, no se podrá iniciar en España una nueva senda de crecimiento real y sostenible si no se lanza al mercado una señal fuerte de que deben acabar los “infra salarios”, y esto supone una subida más ambiciosa del SMI.

Sin embargo, llegados al punto actual Podemos está patinando ya sobre una capa muy fina de hielo. Quizás debería reconocer que no ha sido posible por el momento conquistar los cielos, y que no puede esgrimir una enmienda a la totalidad y comprometer así los objetivos progresistas que el PSOE y Cs ofrecen en su acuerdo a la ciudadanía. Por el contrario, debería poner encima de la mesa un intento sincero de mejorarlos, negociando cuestiones concretas como las mencionadas, y abriendo así su radicalismo a una faceta reformista que aún no ha estrenado a escala nacional. Y el PSOE, aún arriesgando algo de incomprensión por parte de su socio actual, debería animar ese movimiento.

Aunque no sea por otras razones, es necesario hoy reconocer la regla de oro que la situación parece estar destilando: para todos los que aspiraron a un cambio el 20 de Diciembre, el único modo de posicionarse bien ante unas nuevas elecciones consiste precisamente en olvidarse de ellas y dar muestras convincentes de que se quiere construir un gobierno del cambio a partir de la mano que los votantes han dado a cada fuerza.

Más allá de este análisis de coyuntura, creo que hay otra razón de fondo que debería impulsar ese cambio de paso: a futuro, y con la que está cayendo en los mercados internacionales y en Europa, un socialismo que decidiera poner bridas al capitalismo y una nueva fuerza como Podemos que aportara ímpetu para llevar la realidad más allá de los límites actuales, no deberían ser fuerzas antagónicas, sino complementarias. Aunque ésto, naturalmente, es otra historia.

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