EEUU, UK y Europa: un “establishment” económico agotado

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El año 2016 está siendo todo menos tranquilo. De hecho, respecto a la economía global me atrevería a decir que nos encontramos en el terreno más inexplorado de toda nuestra vida.

La Reserva Federal de los EEUU decidió a finales de 2015 terminar con una era de tipos de interés en torno al 0% y, por primera vez desde Junio de 2006, los subió a la horquilla del 0,25%-0,5%.

Por su parte, el Reino Unido, a diferencia de los EEUU, mantiene los tipos en torno al 0,5%, y aunque se decía que habría subida de los mismos a finales de 2016, ahora esto se retrasa hasta Agosto de 2019!

Y finalmente, la pasada semana, Draghi bajó, por vez primera en la historia de la Unión Europea, los tipos al 0%, complementando esto con una expansión monetaria que sube de 60 mil millones a 80 mil millones las compras de deuda del BCE, anunciando que las compras pueden incluso dirigirse a bonos corporativos y aumentando el coste de mantener reservas bancarias en las arcas del BCE.

Unos suben, otros mantienen otros bajan los tipos…  pero estas diferencias son más aparentes que reales, y por debajo de todo ello está la misma confusión y falta de certidumbres del “establishment” económico mundial.

Vayamos por partes.

Por un lado, parece que Janet Yellen y la FED ya se han arrepentido de la subida de los tipos en los EEUU. Ésta se presentó como el adiós oficial a casi una década de crisis y de amenaza de estancamiento a su salida. También se celebró como el fin de una política exitosa de mantenimiento de tipos de interés cercanos al 0% y de una enorme expansión cuantitativa (el famoso “Quantitative Easing”, o QE).

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Pero han bastado algunos accidentes de recorrido (el parón del crecimiento de la economía china, las bajadas del precio del petróleo y de los precios de las materias primas) para que se descomponga ese cuadro feliz: no hay esperanza de que la subida gradual de tipos siga su curso, al menos en este año de 2016. Lo que era un primer paso, se ha quedado en un vacilante experimento puntual.

¿Por qué ha ocurrido esto? Los enormes esfuerzos para estimular el crecimiento norteamericano dándole sin descanso a la máquina de hacer dinero han dado pocos resultados y las bases del crecimiento son muy débiles. Cierto que el desempleo en los EEUU está en mínimos históricos, pero también es cierto que la tasa de actividad en los EEUU está en torno al 60% de la gente en edad de trabajar: a pesar de todo el estímulo, muchos ciudadanos se han visto desplazados hacia los márgenes de la sociedad. Además, los salarios son tan bajos que no sirven como pilar de un crecimiento vigoroso del consumo y la demanda.

No puedo resistir la tentación de reproducir las palabras de Stiglitz (http://www.elmundo.es/cronica/2016/03/14/56e319c7ca474193378b45b3.html) a propósito de la calamitosa situación en ese país:

“La situación económica lleva estancada para el nivel más bajo de la sociedad, y yo diría para el 90% de la población, desde hace un par de generaciones (…) Esas personas trabajan muy duro. Pero ven que el dinero se lo quedan otros. La productividad ha subido. Pero ellos ven cómo sus sueldos están estancados desde hace generaciones (…) La gente de Wall Street les ha echado de casa, les ha echado de sus trabajos, y ha sido premiada con bonus de millones de dólares. Literalmente, les han premiado por destruir vidas. Y a nadie, absolutamente a nadie en Wall Street, se le ha reclamado responsabilidades.”

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 Y, por supuesto, ahí es donde ha entrado Donald Trump, con sus promesas de volverles a hacer grandes…

Respecto al Reino Unido, la historia, en sus trazos de fondo, es parecida. Los tipos, desde hace 6 años, se han fijado en torno al 0,5%. Con la subida de tipos en los EEUU, el Reino Unido contempló subidas paralelas, pero los mismos cálculos que están influyendo en la Reserva Federal norteamericana han llevado al Banco de Inglaterra ya a posponer cualquier subida de los tipos hasta 2019, e incluso se está hablando de que los baje hacia el suelo del 0%.

A los accidentes de recorrido que antes se señalaban se unen en el caso del Reino Unido otros elementos como la delicada situación de alguno de sus bancos y la dura realidad de la situación económica de Gran Bretaña – unas deudas colosales del Estado y de los consumidores, el final de una expansión económica impulsada por los “baby boomers” que ahora se están retirando y el miedo a que colocarse fuera de la línea en cuestión de tipos perjudique a la libra.

Y es este último elemento el que pesa como una losa complementaria tanto para el Reino Unido como para el resto de las regiones analizadas aquí: con la amenaza de China en la cabeza, nos podemos estar adentrando en una posible guerra de devaluaciones competitivas, – y por ello no parece lo más oportuno iniciar una subida de tipos en este momento.

Europa siguió, al comienzo de la crisis, una senda diferente: impuso la austeridad hasta 2012 cuando se situaron los tipos en un 1,5%, y solamente abrazó la senda de la expansión cuantitativa (QE) y de las bajadas de los tipos de interés desde entonces. Quizás por ello, le queda mucho más camino que recorrer de esta senda que ha venido usando los EEUU y el Reino Unido desde hace tiempo. Por ello el Banco Central Europeo ha abrazado ahora, con el celo del neófito, un paquete de medidas tan ambicioso.

El problema es que Europa comienza a ir cuando los demás ya han vuelto. Los EEUU y el Reino Unido ya han recorrido el camino de la expansión monetaria y muchos comienzan a interrogarse sobre la efectividad que puede seguir teniendo. Como señala Paul Mason (https://medium.com/mosquito-ridge/ecb-needs-a-monetary-policy-for-the-people-52e91b4e9cd2#.qv4a9hfw3) en un excelente artículo:

“En el último mes dos de los banqueros más relevantes de bancos centrales – Mark Carney del Banco de Inglaterra y Claudio Borio del Banco de Pagos Internacionales – han advertido que el estímulo monetario está perdiendo efecto; que las tasas de interés negativas aumentan el riesgo de estancamiento; y han llamado a los Estados a hacer “reformas estructurales” más radicales para reactivar el crecimiento”.

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Lo perverso de la mentalidad económica del “establishment” es que el camino de las “reformas estructurales”, el de la búsqueda de estabilidad presupuestaria a base de austeridad y recortes, es, precisamente, el que ya ha recorrido Europa con un estrepitoso fracaso.

Y es aquí donde se cierra el círculo: Europa ha intentado capear la crisis con políticas de austeridad que no han dado resultados pero sí han destrozado sociedades. Nadie en su sano juicio debería seguir esta senda, después de la experiencia europea. A su vez, los EEUU y el Reino Unido han intentado estimular sus economías con una política monetaria extraordinariamente ambiciosa, pero no han logrado su objetivo, porque esa expansión no se ha filtrado hasta el fondo de sus economías y no ha logrado estimular la capacidad adquisitiva de sus ciudadanos.

En verdad, el “establishment” económico ya no sabe cómo incentivar las economías para volver a una época normal de crecimiento económico. Pero, en cambio, sí nos encontramos con una deuda global que avanza firmemente hacia el 300% del PIB global, con que los estímulos han ido a parar a las capas superiores de la sociedad, con la amenaza de una época prolongada de deflación y estancamiento económico, y con la certidumbre creciente de que, apenas salidos de una crisis y una muy tímida recuperación, podríamos adentrarnos en una nueva crisis.

En este mar de confusión, en la que el propio establishment económico mundial no sabe ya qué hacer, es quizás Europa la que tiene, como la región que más tarde ha llegado a las políticas de expansión monetaria, una posible ventaja. ¿Por qué no intentar que la implementación de la política de expansión cuantitativa se implemente de otro modo? Por qué no intentar un expansión cuantitativa (QE) para el pueblo?

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Como dice sencilla y llanamente Paul Mason  en la reflexión citada: “Si el Banco Central Europeo va a imprimir dinero a esta escala, los mecanismos de transmisión a través de los que induce crecimiento deberían ser diseñados y controlados democráticamente. Tienen que servir en primer lugar a la gente, y solo en último lugar a la élite financiera. Si Mario Draghi puede comprar las deudas de Volkswagen, y tal vez las acciones de Volkswagen para aumentar su valor, entonces debería ser capaz de amortizar los préstamos para automóviles de millones de propietarios de Volkswagen, o financiar la educación universitaria gratuita a lo largo y ancho de la zona euro”.

Es una idea, tan disruptiva como oportuna, vista la confusión reinante. Y es una idea que solamente se podría plantear en Europa si la socialdemocracia abandona los caminos del “establishment” económico y ayuda a canalizar hacia reformas realmente disruptivas el ímpetu de las alternativas radicales de izquierda que están surgiendo en algunos países como España.

La alternativa es aterradora: seguiremos viviendo un clima de continuas inestabilidades inmersos en un modelo económico neoliberal que no tiene ya fórmulas sensatas, mientras asistimos a un apoyo ciudadano creciente a los cantos de sirena de la derecha ultranacionalista y autárquica europea, británica o estadounidense.

 

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