DE LA ECONOMIA DIGITAL AL POSTCAPITALISMO: ¿UNA TRANSICIÓN YA EN MARCHA?

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Este artículo se ha realizado en coautoría con un querido y respetado colega, Ignacio Muro, y ha sido publicado en Bez Diario ( http://www.bez.es/115347130/De-la-economia-digital-al-postcapitalismo-una-transicion-en-marcha.html )

 

El carácter exponencial de la economía digital y la naturaleza infinita de su input principal, la información digitalizada, han detonado dos nuevas tendencias que están crecientemente conectadas. Por un lado, el capitalismo necesita cada vez menos contenido de trabajo productivo; por otro, surgen nuevas actividades socialmente útiles que ocupan a cada vez más gente, funcionando fuera de la lógica mercantil del capitalismo.

Estas lineas pretenden contribuir a la construcción de un relato que hilvana una nueva noción del progreso social y del avance de la humanidad a partir de esa íntima conexión.

El capitalismo necesita cada vez menos trabajo productivo

Los estudios que analizan la influencia tecnológica en el mercado de trabajo han ocupado en los últimos años de modo creciente no solo a grandes especialistas sino a instituciones de prestigio como el MIT, que publicó un extenso informe sobre el futuro del mercado de trabajo en 2012,  la Universidad de Oxford en 2013, o el Instituto Pew Research en 2014, que elaboró una encuesta entre casi 2000 grandes expertos que debían responder sobre la incidencia estimada del cambio tecnólogico sobre el empleo neto en el horizonte 2025.

La conclusión dominante de esos trabajos es que anticipan, por un lado, una oleada de desempleo que afectará especialmente a algunos grupos de especialidades tanto no cualificada como cualificadas y, por otro, cambios en la división del trabajo hombre-máquina, con efectos profundos sobre el modo de producción, distribución y consumo.

Esas mutaciones se harán visibles en dos etapas: en la primera, los robots pasarán a convertirse en un objeto de uso general en muchas actividades, con efectos sustitutivos sobre efectivos humanos de cualificación  media  en diversos campos de la producción, administración, logística, marketing y servicios. La segunda etapa se verá afectada por los grandes avances en inteligencia artificial, que, a un nivel elemental ya se está convirtiendo en una realidad cotidiana en los asistentes digitales (tipo Siri de Appel) que están en todos los teléfonos inteligentes. Cuando alcance su esplendor, podrían dejar de ser necesarios diversos perfiles de especialistas creativos en áreas de ciencia, ingeniería y arte que forman parte de las llamadas “profesiones liberales”.

Los efectos sociales de esas transformaciones viene agudizadas por desarrollarse bajo la hegemonía absoluta del capitalismo financiero, propio de su etapa actual neoliberal. A las desigualdades crecientes entre capital-trabajo se unirá la polarización entre los diferentes tipos de trabajadores, acentuando las diferencias entre la renta del 20% de profesionales altamente cualificados y el 80% restante de trabajadores.

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Desigualdad y desempleo  creciente parecen ser las señas de identidad de un futuro en el que el sistema capitalista no solo necesita cada vez menos volumen de trabajo productivo sino que no es capaz de retribuir con remuneraciones suficientes al trabajo para garantizar un nivel de vida digno. La depresión consecuente del mercado de trabajo vendrá acompañada de una tendencia creciente a la deflación de precios, la baja productividad y al bajo crecimiento, con un PIB insensible a las inyecciones monetarias que los bancos centrales están  insuflando en las economías desarrolladas.

Se trata de un fenómeno de largo plazo, que conecta el descenso de precios de bienes y servicios y salarios reales con el decreciendo de la cantidad de trabajo que precisan para ser producidos. Y ello nos acerca a los postulados de la economía política clásica que, desde Adam Smith hasta Marx, conectaban el valor de un bien con la cantidad de trabajo que incorpora. Desde esa perspectiva, la tendencia a la disminución de la necesidad del trabajo humano en el mercado capitalista ya está operativa. Se comienza a percibir en nuestras sociedades en la forma de una disminución generalizada del tiempo de trabajo, el progreso de las fórmulas de trabajo a tiempo parcial, la difuminación de las fronteras entre tiempo de trabajo profesional y tiempo dedicado a actividades no remuneradas, o la proliferación de las carreras irregulares combinando periodos de trabajo asalariado o profesional y otras actividades. En otras palabras en la economía digital, el pleno empleo, el de las carreras regulares a cuarenta horas semanales, se ha vuelto imposible.

Nuevas actividades y un nuevo modo de producción que surge al margen del mercado

Todos los economistas que se dedicaron a la economía política prestaron siempre gran atención a la base tecnológica del modo de producción. En concreto, Marx en su “Fragmento sobre las Máquinas”, (incluido en los Grundisse) escribió un par de páginas que nunca pasaron a ser parte del marxismo tal y como ha sido desarrollado hasta la fecha, y que han sido brillantemente rescatadas para la izquierda por Paul Mason en su “Postcapitalismo”. Si la izquierda marxista siempre pensó (y fracasó por ello) que la planificación estatal era la ruta de escape desde el capitalismo, en estas páginas Marx apunta que la ruta de escape desde el capitalismo es el intelecto social. Así, vislumbró con clarividencia una situación en la que el capitalismo llegaría a basarse en el conocimiento, impulsando un carácter social y opuesto a las formas privadas de producción. Un momento en el que “el capital trabaja para su propia disolución”, en el que el principal factor de producción es la inteligencia colectiva, y “el desarrollo libre de las individualidades” trae como resultado la “reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo”.

Lo cierto es que, junto a la expulsión gradual de trabajadores del mercado capitalista, han comenzado a surgir nuevas relaciones de producción posibilitadas por el cambio tecnológico, que caen completamente fuera de la esfera del mercado, acompañadas de modos de distribución y consumo abiertas, libres, sin precio. Pensamos que se trata de un nuevo modo de producción que es hijo de la digitalización masiva de los procesos económicos, que maneja un volumen de información que tiende a infinito, la procesa casi instantáneamente, la reproduce de modo ilimitado y la incorpora a multiples actividades de modo global y colaborativo.

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En productos como Wikipedia colaboran 75.000 voluntarios que han construido la enciclopedia más vasta del mundo, con costes nulos de capital y trabajo y es un producto libre, colaborativo y permanentemente actualizado. Todo el proceso se construye desde una lógica no mercantil: se alimenta desde la colaboración de las multitudes para compartir el saber (o crowd wisdom) y se financia desde el micropatrocinio a través de la aportación de fondos sin contrapartida (o crowdfunding).

Pero no siempre es así. Los nuevos modos colaborativos a veces se insertan en procesos más complejos en los que la lógica mercantil termina apareciendo y pugnando por ser dominante. La rapidez en que se ha cimentado el liderazgo de Android, el sistema operativo de Google para movil, es su capacidad para crecer y adaptarse a distintos requerimientos de los fabricantes a partir de un nucleo Linux de código abierto y libre, de precio cero en el mercado. Con sus conflictos, el conjunto de relaciones que propicia, se alimenta de una red de aplicaciones que combinan contribuciones universales y compartidas, no mercantiles, con otras exclusivas, regidas por la lógica del coste y el beneficio tradicional.

La extensión de los “creative commons” han sido determinantes en la universalización de las actividades culturales y creativas que son el cimiento de la nueva economía de los intangibles. Se trata de licencias copy left en las que el creador organiza las prioridades de uso de sus obras anteponiendo que se cite su autoría sobre cualquier otra consideración mercantil asociada al copy right. Al poner el foco en la eliminación de la propiedad intelectual, quitan cualquier sentido transaccional a la reutilización de los contenidos y facilitan que el trabajo creativo se comparta rápidamente. En Noviembre de 2014 había ya 880 millones de trabajos creativos estimados dentro de esta categoría.

El conjunto de actividades que caen bajo la categoría de “contenido generado por los usuarios” no solo se limitan a subir a la red blogs, fotos o videos personales, sino que tambien aportan valores crecientes a los procesos de decisión, añadiendo, por ejemplo,  transparencia y control sobre la calidad de los servicios de hoteles, restaurantes o servicios; o alimentando los foros de discusión que resuelven cuestiones que antes atendían los departamentos comerciales, de atención al cliente y de mantenimiento, solucionando problemas e incidencias. Son actividades socializadas que quedan fuera del mercado pero que sustituyen a operaciones internas que antes realizaban y costeaban todas las empresas.

 Dos modos de producción en disputa

La disputa entre esos modos de producir, el nuevo regido por pautas colaborativas y abiertas y el viejo regido por la lógica mercantil, se va haciendo evidente. Aunque la hegemonía de lo mercantil permanece y consigue, en muchas ocasiones, apropiarse del plus producto generado bajo el nuevo modo de producción, convirtiéndolo en subalterno, es evidente que la disputa se está generalizando, mucho más cuando la transformación tecnológica expulsa a cada vez más trabajadores de los procesos productivos.

La socialización de esos procesos incorporarían cifras escalofriantes al PIB de los países si pudieran ser medidas, pero, al no hacerlo, ocultan un fenómeno de una magnitud nunca imaginada: todo un nuevo sector en crecimiento, que viene a unirse a la emergencia de una oleada de nuevas actividades en el ámbito de la economía social y solidaria y de la innovación social.

A este nuevo sector lo denominamos el sector postcapitalista de la economía. Lo que defendemos es que la irrupción de la economía digital está abriendo las puertas a una transición desde el sistema capitalista a otro nuevo sistema, en el que el mercado y el capital van a ir coexistiendo de modo creciente con un sector de la economía que no opera con la lógica del beneficio ni con la lógica del mercado.  Al igual que ocurrió en la larga y compleja transición entre el modo feudal y el capitalista, en la que convivieron lógicas muy diversas durante mucho tiempo, el agotamiento creciente del modelo  neoliberal nos muestra ya las entrañas de los modos post-capitalistas.

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Con ello se cierra el círculo: la expulsión creciente de trabajadores fuera del sistema mercantil se está viendo acompañada por el crecimiento de actividades que, teniendo utilidad social, ya no se mueven dentro de la lógica del sistema. Por una parte, el sistema capitalista construyendo una modernidad ficticia que desprecia la actividad productiva, expulsa trabajo, aboca a la desigualdad y se mueve en espasmos de burbuja en burbuja; por otro, el sistema poscapitalista, creando actividad y trabajo en modos que las estadísticas no son capaces de medir.

Todo se está poniendo patas arriba. La hegemonía de lo mercantil en el sistema productivo no solo se debilita por debajo, en las nuevas formas colaborativas que nacen al margen, sino también por arriba, donde lo financiero le come el espacio de la rentabilidad. La financiarización de la economía, la obsesión por crear valor financiero al accionista mediante plusvalías en los mercados, acelera la concentración empresarial y detrae recursos  crecientes al sistema productivo que queda debilitado también desde la propia lógica mercantil. El nuevo capitalismo, el patrocinado por las grandes empresas tecnológicas, queda también subyugado por la obsesión financiera y acelera la construcción de monopolios artificiales que a la larga no permanecerán.

Es lógico que, en este contexto, aparezca la renta básica universal como parte de las soluciones. Pero ésta no debería ser enfocada solamente como una solución frente a la crisis y sus secuelas de pobreza, sino que tiene un recorrido mucho más largo: es consecuente con una situación en la que la tecnología va sustituyendo al trabajo remunerado y el propio capitalismo comienza a expulsar el trabajo productivo y merma su mercado interno por falta de consumo.

La digitalización de la economía hará más y más necesarias nuevas formas de remuneración al margen del sistema capitalista que garanticen una renta de subsistencia. Pero será preciso pensar en conectar la renta básica universal con nuevos mecanismos de valoración de la utilidad social de las nuevas actividades fuera del mercado.

La renta básica universal es uno de los elementos de transición que se abren hoy a partir de una nueva economía política que desborda al neoliberalismo y supera, al mismo tiempo, los paradigmas del pasado socialdemócrata. Pero hay muchos otros elementos que hay que ir explorando: son los nuevos retos de las políticas de la izquierda para favorecer y hacer posible la transición al postcapitalismo.

 

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