¿No nos prometieron el cambio? Pues ahora toca intentarlo…

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HEMICICLO CONGRESO DE LOS DIPUTADOS VACIO  VISTA GENERAL Y PANORAMICA

Dos meses será el plazo desde que Mariano Rajoy constate que no consigue su investidura hasta que se llame a nuevas elecciones en España. Aunque en estas agitadas fechas de Enero parece un plazo muy corto, 60 días son un periodo extenso para debatir con solvencia quién, con quién, cómo y bajo qué condiciones se puede formar un gobierno alternativo en España.  Aunque solamente sea para favorecer dicha reflexión me permito realizar esta humilde aportación heterodoxa ante el laberinto poselectoral español, centrada en dos aspectos.

El primero gira en torno al hecho innegable de quién ha perdido las elecciones. Aunque en el fragor de mil batallas esto ha quedado en segundo plano, hay que reafirmar que el claro perdedor de las elecciones de Diciembre ha sido el partido en el gobierno, el PP, que ha visto disminuido su apoyo en 3,6 millones de votos y 63 parlamentarios.

De modo completamente fragmentado y cada cual por su cuenta, todos los grandes partidos opositores han hablado de la necesidad de un cambio frente a las políticas del PP: el “cambio sensato”, el “cambio seguro” o el “cambio” a secas han presidido sus campañas, con contenidos que incluyen el cambio en la orientación de la política económica, la intolerable situación social y la regeneración democrática.

Por ello, en un mundo donde imperara la lógica, sería de esperar el surgimiento de una coalición de esos partidos para impulsar una narrativa de creación de un gobierno de cambio, y acordar un programa de reconstrucción de lo que el PP ha destruido en los últimos cuatro años, – con fórmulas que pudieran ir desde un acuerdo de formación de gobierno hasta un apoyo de investidura pasando por un paquete pactado de reformas legislativas. En pura lógica y ateniéndonos al mensaje central de los grandes opositores que concurrieron a las elecciones y el apoyo que han recibido, la formación de una alternativa amplia de cambio para gobernar frente a las políticas y el estilo del PP sería un objetivo potente, bien entendible y muy justificado.

 

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Además, existen mimbres comunes para llevarlo a cabo: el PSOE es un partido socialdemócrata. Podemos, aunque afirma no situarse en la lógica izquierda-derecha, se autodefine también como heredero de la socialdemocracia. Pudiera parecer sorprendente, dado el nivel de prejuicios existente, incluir en este posible bloque a Ciudadanos. Pero Cs es un partido demócrata liberal con una vertiente social, – y las grandes coaliciones que en la segunda mitad del siglo XX impulsaron el Estado de bienestar tuvieron en su base un consenso entre socialdemócratas y demócratas liberales.

Cierto que el acuerdo sería limitado, que ninguno de los tres podría avanzar en sus planes programáticos al 100% a pesar de la incomprensión que esto pueda producir en algunos segmentos de sus votantes, y que todos habrían de renunciar a elementos centrales y particularmente queridos de sus propuestas. Pero existen componentes de proximidad para un acuerdo de cambio y reconstrucción social, reorientación del crecimiento económico y regeneración democrática e institucional, – aparte de un buen ramillete de políticas sectoriales. Así, dimensiones como combatir efectivamente la pobreza y la desigualdad creciente, derogar reformas austericidas, reorientar la economía hacia el crecimiento, darle nueva tracción a la reindustrialización de España, luchar más eficazmente contra el desempleo, fortalecer la educación, la sanidad y los servicios de dependencia, impulsar el cambio de la ley electoral, eliminar los mecanismos que han posibilitado la corrupción o hacer retroceder la colonización partidista de las instituciones del Estado son todos ellos terrenos en los que cabría situar la negociación y, eventualmente, un acuerdo. ¡Y esto sería una muy buena noticia para la inmensa mayoría de la población!

Sin embargo, no estamos en un mundo en el que impere la lógica. Ciudadanos, a pesar de su vertiente social, se ha escorado públicamente hacia el centro-derecha en sus preferencias, probablemente porque una parte importante de su electorado proviene de esos pagos: lógicamente, una perspectiva de apoyo a un gobierno con socios de centro-izquierda o de izquierda puede no resultar inmediatamente aceptable. Podemos está en plena ascensión, y se ha quedado a 350.000 votos de los obtenidos por el PSOE. Dada la dirección de su evolución, en ascenso, frente a la de su adversario, en descenso, los alicientes para atenerse a criterios de responsabilidad de gobierno son escasos frente el incentivo de ganar unas nuevas elecciones en caliente.  De hecho todas las intervenciones públicas de su líder están, por el momento, más destinadas a socavar sutilmente al PSOE que ha plantearle compromisos mutuos.

Pero lo peor es que el PSOE, que es a quien le correspondería la centralidad para dar forma, empaque, fuerza y potencia a este posible acuerdo, se ha venido abajo en las jornadas posteriores a las elecciones. Se ha desatado un desafío al liderazgo de Pedro Sánchez, un desafío aún no explicitado pero muy real y que ha cristalizado en torno a la propuesta de apartarse sorprendentemente de la crucial agenda española postelectoral para plantearse un Congreso interno.  De modo que el líder que debería ocupar la centralidad para convencer a unos y a otros, establecer la visión de un gobierno de cambio y reconstrucción y armar un acuerdo que desaloje a Mariano Rajoy de la Moncloa, parece que pudiera estar soportando una conjura en su propia casa.

Conviene ahora referirse a un segundo elemento que nos ha traído las urnas, apenas reflejado en los análisis al uso: ha crecido exponencialmente el número de votantes que apoyan una relectura de la Constitución española en torno a la cuestión de la soberanía nacional. A pesar de que nuestra Constitución habla de la indisoluble unidad de España y de que la soberanía reside en el pueblo español, hay un número creciente de españoles que defienden que la unidad de España debería estar basada en la voluntad de unidad expresada democráticamente por sus partes, lo que implica asumir la posibilidad de consultas y de eventual secesión, y reformar la Constitución en tal dirección.

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 Nacionalistas catalanes y vascos más las fuerzas que defendían el “derecho a decidir” podían llegar a sumar en 2011, siendo generosos, casi 4 millones de votantes. Pero en 2015 se han multiplicado por dos, se acercan a los 8 millones de españoles y representan el 31% de todos los votantes en las pasadas elecciones. Una gran mayoría de los que se inclinan por esta relectura de la Constitución no lo hacen a partir de un prisma nacionalista y mucho menos independentista, sino democrático; no favorecen las secesiones, sino las consultas, y en caso de realizarse una apoyarían la tesis de la unidad de España.

¿Por qué esta evolución? Probablemente es una reacción a la política absolutamente cerrada y sin diálogo posible que ha adoptado el PP en sus años de gobierno, y a la postura que ante esto han tomado las fuerzas nacionalistas en Cataluña, fugándose hacia el independentismo. Probablemente a que muchos ciudadanos catalanes que ni se sienten nacionalistas ni independentistas sí están a favor de que se deje hablar al pueblo catalán. Probablemente se debe a que muchos ciudadanos de izquierdas en España ven que no existen mecanismos eficaces para resolver estos problemas. Y el hecho es que ya casi suman 8 millones los votantes que opinan que hay que encontrar modos menos agónicos de abordar estos conflictos.

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 A pesar de sus enormes diferencias respecto a cómo salir del embrollo catalán, las tres fuerzas que se mencionan aquí tienen un mínimo común: defienden que el diálogo y la negociación deben de sustituir la reacción primaria que ha tenido el PP frente al nacionalismo catalán. Y ello no es poco, porque lograr hoy “un punto y aparte”, un talante seriamente dialogante y negociador de buena fe podría hacer milagros ante una alternativa independentista que pierde fuelle día a día en Cataluña.

A medio plazo también cabe imaginar fórmulas que no irían contra la legalidad constitucional actual. Me refiero a una ley de consultas promulgada por el Parlamento español que en esencia implicaría la obligatoriedad de conceder un referéndum consultivo a aquellos territorios autonómicos cuyos parlamentos lo pidan con una mayoría reforzada; y en el caso de que la posición a favor de la secesión triunfara, negociar de buena fe los términos o las alternativas a la misma y, en última instancia, si fuera necesario, someter esa posibilidad al pueblo español a través de un referéndum constitucional.

Pero es difícil que todos los aludidos para acordar una operación de “punto y aparte”, de un lado y del otro, estén dispuestos a dejar para otra ocasión buena parte de su mochila, sus prejuicios y sus ideas preconcebidas para iniciar una nueva etapa, también con Cataluña.

Sin embargo hay que decir con claridad que los electores que, con una preferencia u otra, votaron por el cambio no van a perdonar que soluciones de este tipo no se intenten. La repetición de las elecciones será no solamente un fracaso para nuestros líderes políticos por no haber sido capaces de gestionar el pluralismo con el que les hemos mandatado. El fracaso será mucho mayor para aquellos que ante la disyuntiva de negociar revelen que, en realidad, prefieren no intentarlo, en la esperanza de obtener mejores resultados con unas nuevas elecciones.

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Me gustaría pensar que, en el escenario de dos largos meses, la sensatez negociadora se puede imponer. Pero en cualquier caso hay un argumento de peso para intentarlo: la enorme ventaja de que quede patente ante los ciudadanos quién tiene altura de miras y está dispuesto a gestionar el pluralismo actual, y quién pretende escurrir el bulto y defender “lo suyo” a pesar de las miserias diarias que está viviendo en todos los órdenes nuestro país y sus gentes.

Después del 20D – Solo existen dos escenarios

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Parece inescapable que incluso los que los dedicamos al pensamiento económico hagamos alguna vez, como en esta ocasión, un análisis político. Al fin y al cabo, las consecuencias del 20D determinarán el marco económico de nuestro país.

Con los resultados en la mano, con cuatro partidos con resultados por encima de tres millones de votos, hay que descartar una solución inmediata: no va a haber un gobierno de mayoría, pues no hay combinación posible que arroje como suma 176 diputados. La única combinación posible, un gobierno de coalición del PP y el PSOE no tiene ninguna posibilidad de materializarse: es muchísima la distancia que separa a ambas formaciones en casi todos los órdenes de la política – desde la regeneración democrática, pasando por la política económica o la relativa al empleo, hasta el abismo que los enfrenta en las políticas sociales. No hay ninguna narrativa común que justifique un acuerdo de gobierno de esta naturaleza.

Por lo tanto, habrá una segunda vuelta, en la que el presidente del gobierno será investido con una mayoría simple (con más síes que nones y contando con posibles abstenciones). Barajadas todas las combinaciones posibles solamente existen dos soluciones (con variaciones de detalle) para lograr una mayoría simple. Que se avance con una o con otra depende, en primer lugar, de la posición que adopte el PSOE.

La primera alternativa es que el PP obtenga la investidura en segunda votación con la abstención de Ciudadanos y el PSOE.

La segunda alternativa es que el PSOE obtenga la investidura con el voto favorable de Podemos, IU y el PNV, y con la abstención de los independentistas catalanes.

No hay que perder de vista a priori ninguna de estas dos alternativas, pues ambas tienen recorrido (y, por supuesto, problemas).

La primera es la defendida por el PP, y tiene en Ciudadanos  un segundo valedor. Ambos están incitando al PSOE a la abstención para que el PP gobierne en minoría.

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El terreno de juego que se crearía con esta alternativa sería, en cualquier caso, inédito. Una vez pasado el fragor de la lucha electoral, estarían en oposición un PSOE socialdemócrata, Podemos que en muchas materias se autodefine también dentro de dichas coordenadas y Ciudadanos que se confiesa demócrata liberal con una dimensión social. Con sus programas en la mano cabría imaginar acuerdos mayoritarios a tres bandas entre estas tres fuerzas parlamentarias, en asuntos en los que están cercanos, colocando al gobierno del PP contra las cuerdas. Algunos temas en los que cabe imaginar esto se refieren a la regeneración democrática, la orientación del crecimiento económico, la lucha contra la pobreza y un buen ramillete de políticas sectoriales.

En este terreno de juego el PSOE podría poner en valor su mayor experiencia parlamentaria y de gobierno, llamando a una “oposición concertada” que determine a priori campos e iniciativas.  Pero, para que funcione, será preciso que el realismo político se abra camino en los partidos emergentes y prime su afán reformista sobre sus ansias de hegemonía y rápido crecimiento. El PP habría de trasmutar por completo su estilo político e intentar neutralizar esa perspectiva de “oposición concertada” con propuestas que, por el momento, van mucho más allá de su estilo, programa y perfil ideológico. Aparte de todos los aspectos señalados – constructivos unos y problemáticos otros -, un elemento importante de este escenario es que no propiciaría un diálogo o una negociación en torno a la soberanía catalana, con lo que el pulso con el independentismo catalán continuaría.

El segundo escenario es que el PSOE, con el apoyo de Podemos, IU y del PNV obtenga la investidura sobre la base de la abstención de los independentistas catalanes.

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¿Qué tipo de propósito común podría propiciar esta solución?: el compromiso de avanzar hacia una nueva definición del marco constitucional español que incluya el carácter plurinacional de España y las posibilidades de consulta en torno a la soberanía. Las líneas rojas trazadas por Podemos en la noche electoral indican claramente que es este el escenario en el que contemplaría un acercamiento al PSOE.

Hay razones de realismo político que también avalan un recorrido a esta alternativa de gobierno: las fuerzas políticas que se van inclinando hacia una exploración de nuevas avenidas constitucionales respecto a la soberanía han crecido en España con las elecciones generales del 20D. De la noche a la mañana España cuenta con un 31% de ciudadanos que apoyan una nueva forma de resolver los problemas del soberanismo. El independentismo catalán, muy quebrantado por su falta de acuerdo en torno al liderazgo y con dramáticos desplazamientos internos, ha perdido solamente dos escaños y 100 mil votos, y sigue teniendo el apoyo de 1,1 millones de ciudadanos catalanes. Y las coaliciones electorales que defienden la naturaleza plurinacional de España aglutinadas en torno a Podemos suman más de cinco millones de ciudadanos que han votado esta perspectiva.

Este escenario es, sin lugar a dudas mucho más rupturista que el anterior, el único en el que el PP pasaría a la oposición, y el único que podría intentar diseñar y llevar la iniciativa de un programa socialmente avanzado.

Pero, probablemente, incluso aunque presuponga para el PSOE dirigir el gobierno de la Nación, pudiera ser por el momento inasumible dentro de las filas socialistas.

 

#COP21 : valuable progress but not a conclusive victory

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Of course Paris has not met all expectations, but in the end the agreement is very valuable.

Of course, the concept of “renewable energy” appears only once, in the preamble of the agreement –  with no legal value and connected to sustainable development in certain areas of the world such as Africa.

Of course, the issue of curving or limiting subsidies to fossil fuels or abandon them altogether from 2050 does not appear in the Convention.

Of course, the need to win the battle for energy efficiency or specific methodologies, or who and how will finance the $ 100 billion that have been agreed are not defined.

In short, no one will find in the Convention a word on the specifics concerning the struggle against climate change, or on what specific policies to follow.

No wonder, then, that Paris has been a great disappointment to many who see with clarity that climate change already affects millions of people, is an urgent matter and is linked to corporate greed and unsustainable business practices.

However, the Convention has been sealed with other important elements worth noting:

  1. Kyoto was signed by 15 countries; in Copenhagen nobody signed anything; but the Paris Framework was approved without objections by 195 countries, including China, India and the US.
  2. The Convention sets a goal that now is shared by all: to prevent temperature rises above 2 degrees and strive for the rise from pre-industrial levels down to 1.5 degrees.
  3. Raises a double path, reduction of greenhouse gases and mitigation of the adverse effects of climate change, with the following provisos:
  • All countries must present every five years its national contribution to the target set, and these contributions should be increasingly ambitious.
  • A common methodology will be launched to measure these contributions, there will be a “global public registry” and a constantly updated “global inventory” will be made.
  • The roadmap includes a commitment to achieve maximum emission in the shortest time possible and, in any case, a rapid decrease of emissions from 2050.
  • Developed countries will support with funding emerging or developing countries, through a fund of 100 billion.

In short, the Convention is clear about the objective assumed by all the countries present, they, in turn, agree to a global single framework to move towards this goal, and also have accepted three common mandatory principles to guide their future activity: transparency and regular information, gradual but constant progress, and proportionality in contributions.

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To put it graphically: if what was expected of Paris was the splendid view of a mighty river, what countries have been able to sign amounts to the lay out of a river and where it leads until it meets the sea. But the river does not carry water; to fill it is left to each country and each civil society organization, in their daily struggle against those still bent on wasting energy, exploiting fossil fuels, subsidize them, use them or introducing polluting products and services.

Thinking in terms of the analysis of new thinkers like Paul Mason in his “Post-capitalism”, I think we’re in a period of transition, in which a disproportionate share of power is in the hands of a minority – to which many refer as the 1% that never had it better against most.

The problem is that the effects of their irresponsible actions are beginning to threaten the very system where they are thriving. This happens in the environmental field, as in the case discussed here. But also the irresponsibility of a minority with an inordinate power is applicable to the social arena (in which we are faced with an increasingly unequal society), in the financial field (in which they aspire to a growing financialization of society) or the economy  (where they aim at preserving and strengthening monopolistic or oligopolistic structures in key areas such as basic services or the new digital economy).

In this situation – in cases like the one discussed here with regard to the Framework Convention adopted in Paris,- we can expect at the international level some progress, but no conclusive victories. A similar conclusions applies to many other long-haul international initiatives such as the Sustainable Development Goals adopted in September at the United Nations, the Guiding Principles for Business and Human Rights, or the 10 Principles of the Global Compact. All these great international references, point in a direction of progress from the current situation. But they also reflect the resistances to change, and, therefore, suffer from a lack of specificity regarding the real problems that must be overcome to advance in that direction.

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Rather than through straight alleys we will muddle through in making progress, because those who oppose changes will make every effort to drag their feet and stay in their comfort zone to gain time, even if they know in their hearts that the battle in the long term is already lost.

What we have to do is assess in positive terms international frameworks when they go in the right direction, such as the Paris Agreement, and, reinforced by them, resume our efforts to drive necessary changes.

No, pero sí – Evaluando el acuerdo de París #COP21

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No sé dónde he leído un titular a propósito de la Convención Marco sobre Cambio Climático que se titulaba “Sí, pero no”. Yo quiero encabezar esta reflexión con el título opuesto: “no…pero sí”. Es decir, por supuesto que no ha cumplido con muchas expectativas, pero al final es valioso lo que se ha alcanzado el 12 de Octubre en París.

Por supuesto, la palabra “renovables” aparece una sola vez, en un preámbulo del acuerdo que no tiene valor legal, y además conectada con el desarrollo sostenible en determinadas áreas del planeta, como África. Por supuesto que el tema de cortar o limitar los subsidios a los combustibles fósiles o dejarlos inutilizados a partir de 2050 no aparece en la Convención. O metas respecto a la necesidad de ganar la batalla de la eficiencia energética o metodologías concretas, o quién y cómo van a financiar los $ 100 mil millones que se han acordado. Nadie encontrará en la Convención ni una palabra desde el punto de vista de la lucha concreta contra el cambio climático, cómo enfrentarla con éxito y con qué políticas concretas. Esto, naturalmente, ha supuesto una gran decepción para muchos que ven con meridiana claridad que el cambio climático comienza a afectar a millones de personas, es un asunto urgente y que no admite espera, y que está ligado a la voracidad y a prácticas empresariales insostenibles.

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Pero la Convención se ha sellado con otros elementos importantes que conviene destacar:

  1. Kioto lo firmaron 15 países; en Copenhague no pudo firmar nadie; la Convención ha sido aprobada sin reparos por 195 países, incluyendo China, India y los EEUU.
  2. La Convención plantea un objetivo que ahora ya es compartido: evitar que la temperatura ascienda por encima de los 2 grados y esforzarse porque la subida desde los niveles preindustriales baje hasta los 1,5 grados.
  3. Plantea una senda doble, de reducción de los gases de efecto invernadero y de mitigación de los efectos adversos de posibles efectos de cambio climático que tiene las siguientes características:
  • Todos los países deberán presentar cada cinco años su contribución nacional al objetivo establecido, y estas contribuciones deberán ser cada vez más ambiciosas.
  • Se pondrá en marcha una metodología común `para medir dichas contribuciones, existirá un registro mundial público y se realizará un inventario mundial constantemente actualizado.
  • La hoja de ruta incluye un compromiso para alcanzar el máximo de emisiones en el menor plazo de tiempo posible y en cualquier caso una disminución rápida de las mismas a partir de 2050.
  • Los países desarrollados apoyarán con financiación al resto de los países, mediante un fondo de 100 mil millones.

En definitiva, la Convención es clara respecto al objetivo que asumen todos los países presentes que, a su vez, acuerdan un marco único mundial para avanzar hacia ese objetivo, y además pactan tres principios obligatorios como guía de su actividad futura: transparencia e información periódica, contribuciones progresivas y proporcionalidad en el esfuerzo.

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Para decirlo con una imagen: si lo que se esperaba de París era asomarse a la espléndida vista de un río caudaloso, lo que los países han sido capaces de firmar es el trazado del río y dónde ha de desembocar. Pero el cauce no lleva agua; ésta la ha de poner cada país, y cada organización de la sociedad civil en su contienda diaria frente a los que siguen empeñados en derrochar la energía, explotar los combustibles fósiles, subvencionarlos, utilizarlos o poner en circulación productos y servicios que los usan.

Estamos en una época de transición, en la que una porción desproporcionada del poder está en manos de una minoría, – de la minoría que en otros “posts” he identificado con ese 1% que nunca lo tuvo mejor frente a la mayoría. El problema es que los efectos de su actuación irresponsable comienzan a amenazar al propio sistema en el que han “hecho su agosto”. Esto ocurre en el terreno medioambiental, como es el caso que analizamos aquí. Pero también la irresponsabilidad de esa minoría con exagerado poder es aplicable  al terreno social (en el que nos abocan a una sociedad cada día más desigual), en el terreno financiero (en el que aspiran a una creciente financiarización de la sociedad) o en el terreno económico (en el que quisieran conservar y fortalecer estructuras monopolistas u oligopólicas en terrenos claves como los servicios básicos o la nueva economía digital).

En esta situación, en casos como el que analizamos aquí a propósito de la Convención Marco aprobada en París, podemos esperar en el plano internacional avances y denuncias, pero no esperemos triunfos concluyentes. Por cierto, hay que hacer una reflexión similar respecto a otras muchas iniciativas internacionales de largo recorrido, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en Septiembre en Naciones Unidas, los Principios Rectores para los Derechos Humanos y Empresas o los 10 Principios del Global Compact.  Todos estos grandes referentes internacionales apuntan en una dirección de progreso a partir de la realidad actual, pero todos ellos también reflejan las resistencias al cambio y por ello adolecen de falta de concreción respecto a los problemas reales que habrá que superar para avanzar en dicha dirección.

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Si avanzamos, lo iremos haciendo a trancas y barrancas porque los que se oponen a los cambios harán todo lo posible por arrastrar los pies y mantenerse en su zona de confort para ganar tiempo, aunque sepan en su fuero interno que la batalla, a largo plazo, ya la tienen perdida.

Lo que debemos hacer frente a ellos es valorar los marcos internacionales cuando son apropiados, como es el caso del acuerdo de París para, a renglón seguido, no dar tregua a la realidad y seguir impulsando las transformaciones necesarias

No se ha ganado la guerra, pero sí una batalla muy importante: “no…pero sí”, como se decía al principio.

DESIGUALDADES?: NO ES LA CRISIS, ES EL SISTEMA

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Este post no incluye muchos razonamientos teóricos, sino hechos escuetos. Lo escribo con la finalidad de contribuir al análisis de las desigualdades en nuestra sociedad.

Muchos economistas liberales consideran que la existencia de desigualdades no es mala, sino buena, puesto que, por un lado incentiva la “competición individual hacia la cima”, y por otro lado, es expresión del espíritu de progreso individual, premiando a los más esforzados, trabajadores y emprendedores en la sociedad. Estas afirmaciones no tienen mucho sentido, son generalidades, abstracciones que lo mismo pueden tener algo de sentido en un contexto concreto que resultar una sandez en otro: tal es el caso hoy. El problema hoy es que las desigualdades se van acentuando en nuestra sociedad, configurándola como extremadamente polarizada. El problema es que con razón se comienza hablar de una sociedad en la que el 80% se empobrece y el 20% tiene esas posibilidades de promoción personal. El problema es que la expresión más extrema de las desigualdades, la pobreza, amenaza o atenaza a sectores extensos de la sociedad. Y el problema es que una sociedad en la que las desigualdades entre una minoría y la mayoría se agudizan es una sociedad que se desintegra, se convierte en insostenible y, además, crece poco pues la base del consumo se debilita.

Es una creencia extendida que las desigualdades crecientes que vemos en la sociedad son un producto directo de la crisis. Esto es falso. La tendencia a una exacerbación de las desigualdades comenzó antes de la crisis, allá por los años 80 y 90 del pasado siglo. Sería bastante relevante demostrar que esta afirmación es cierta. Si lo fuera, entonces habremos de concluir que el sistema capitalista, que permitió en los años 50-70 del pasado siglo un Estado de bienestar y de cierta igualdad de oportunidades, ha cambiado, ha mutado, y ahora produce desigualdades crecientes.

Examinemos, pues los hechos:

1. Las desigualdades extremas que observamos hoy se comenzaron a gestar en los países desarrollados hace veinticinco años.

Es importante subrayar que esta afirmación se refiere a los países desarrollados, no a todo el mundo en su conjunto.

El gráfico que parece a continuación nos muestra un escenario a escala mundial. Este cuadro es ciertamente único y de un gran valor, puesto que mide entre 1988 y 2008 las ganancias porcentuales de renta de todos los habitantes de todos los países, clasificados por estratos de renta (de menor a mayor) en el eje horizontal.

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Sus autores (http://www.voxeu.org/article/global-income-distribution-1988 Christoph Lakner, Branko Milanovic) nos presentan un valioso retrato de quiénes han ganado y quiénes han perdido en el reparto de la renta a escala mundial durante estos 20 años y hasta que la crisis hizo acto de presencia.

¿Los ganadores?

  • Los grupos situados en los estratos de renta entre los valores horizontales 0.2 y 0.6, es decir, las clases medias nacientes en países emergentes o en vías de desarrollo, y más en concreto, las clases medias del  Asia resurgente (China, Indonesia, Tailandia o India) y de los países de América Latina, que casi doblaron sus rentas.
  • La minoría situada en el extremo cercano al 1 de esta distibución, es el 1% de mayores rentas. Abundando en este aspecto, el 5% de las rentas más altas contabilizaron el 44% del aumento de toda la renta mundial entre 1988 y 2008.

¿Los perdedores?

  • De modo relativo, las clases populares, rurales, etc…en las sociedades pobres, sobre todo en las africanas, reflejadas en los estratos entre el 0 y el 0,2.
  • Pero el dato más elocuente de esta gráfica es que refleja con meridiana claridad que son los estratos sociales situados entre el 0,6 y el 0,9 los grandes perdedores que han visto cómo sus rentas se estancaban o, incluso retrocedían en los 20 años previos a la crisis. Y esos no son otros que las clases trabajadoras y medias de las “economías maduras”, los países de la OCDE, el mundo rico.

Si examinamos más de cerca la naturaleza de las desigualdades y como se gestaron, podemos comprobar que se han ido manifestando en tres tendencias que se refuerzan entre sí y que se analizan a continuación.

2. Las diferencias crecientes de renta entre un 20% de ciudadanos y el 80% restante se comenzaron a fraguar en los años 90 del siglo pasado.

Una primera tendencia es que los que más renta ganan han ido aumentando sus ganancias en relación a  la mayoría de ciudadanos. Esto es comprobable en España si observamos la evolución a lo largo de los años de la renta per cápita y de la mediana de la renta de los españoles. La mediana de la renta es aquélla en torno a la que se agrupa la renta que perciben la mayoría de ciudadanos. Cuando la renta per cápita aumenta más rápidamente que la renta de la mayoría esto significa que los segmentos de renta más alta de la sociedad van ganando terreno en relación al ciudadano normal.

Esa tendencia ya existía antes de la crisis: la diferencia entre la renta per cápita y la renta de la mayoría aumentó entre 1995 y 2007 en 21,5%. Y entre 2008 y 2013 esta diferencia creció  otro 23,2%. Se puede decir, por tanto, que las desigualdades en la renta ya se estaban fraguando antes de la crisis.

Esto no solamente ocurre en España: desde 1975 se observa la misma tendencia en los EEUU, de modo que, para 2010 la renta per cápita se había alejado 80 puntos respecto a la renta de la mayoría de la población.

La polarización de las rentas se está convirtiendo en la pauta normal incluso en el ámbito estadístico. Siempre hemos creído que todo tipo de población se distribuía de un modo normal, a través de una distribución en forma de campana, la “campana de Gauss”: con unos segmentos minoritarios de la población, equidistantes y similares, situados en las colas de ambos extremos y con la mayoría engordando la parte central de la campana. Últimamente se comienza a hablar de otras distribuciones estadísticas que describen mejor la distribución de la renta en los países desarrollados: las llamadas distribuciones de “ley de potencias”, que se distinguen por agrupar a la mayoría en los menores valores y tener una cola larga y gruesa que se extiende hacia los valores mayores. La distribución de las rentas en España se comienzan a parecer a esta distribución: una campana en la que la mayoría se agrupa en los segmentos menores de rentas y una larga cola que va cubriendo tramos importantes hacia las rentas más elevadas. El gráfico siguiente nos muestra esa distribución de las rentas españolas en 2010 (http://www.ine.es/daco/daco42/salarial/prinre10.pdf), y las desigualdades que expresa:

 

CURVA DE POTENCIAS

Esto tiene un significado muy preciso: la era de las distribuciones en forma de campana, que suponían una clase media abultada se ha acabado. Ahora estamos inmersos en el capitalismo del 20% frente al 80% y esto se refleja hasta en las gráficas estadísticas que hemos de utilizar.

 3. La tendencia a una polarización de la renta entre una minoría y la mayoría se ve reforzada por el fenómeno de los “superstars”

Hay una segunda tendencia respecto a las desigualdades crecientes de la renta (formulada por Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee en “The second Machine Age http://secondmachineage.com ), que conviene resaltar: vivimos en una sociedad donde las diferencias de renta entre los ciudadanos normales y los “superstars”, los supermillonarios o los “billionarios” se han disparado de modo descomunal.

En los años 60 la diferencia entre la paga de altos ejecutivos y los salarios medios se situaban en torno a 40. Pero ya en 2006, es decir, antes de la crisis, cuando el salario medio español era de unos 19.700 euros, la paga de altos ejecutivos superaba entre 100 y 500 veces ese sueldo medio.

La situación se ha mantenido sin variación a lo largo de la crisis y a su salida: si el salario medio de los españoles en 2012 fue de 22.700 euros, el salario promedio de un consejero ejecutivo de una gran empresa del Ibex35 ascendía a 2,9 millones de euros anuales (https://www.cnmv.es/portal/Publicaciones/Informes.aspx) 126 veces el salario medio español.

Pero el fenómeno de los “superstars” no se ha circunscrito solamente al ámbito de la gestión empresarial. También los hemos visto surgir en campos tan dispares como los emprendedores de innovaciones tecnológicas de éxito, el arte, la literatura, los deportes o la moda.

Como ejemplo, el siguiente “infographic”:

SUPERSTARS

4. En el reparto de la renta, el capital va ganando terreno al trabajo.

 Esto es también fácilmente comprobable estadísticamente (http://economia.elpais.com/economia/2013/02/28/actualidad/1362079622_855263.html )

En el año 2000 las rentas del trabajo representaban el 49,6% del PIB. A lo largo de la década fueron disminuyendo su participación hasta llegar al 44,2% en 2012.

Mientras tanto, las rentas del capital, que en el año 2000 representaban el 40,4% del PIB ascendieron a lo largo del período para representar en el año 2012 el 46,1% del PIB. Ese fue el año en el que se invirtió la tendencia y las rentas del capital obtuvieron una cuota mayor del PIB frente a las rentas del trabajo.

Esta supremacía no tiene a la crisis como su explicación puesto que la disminución de las rentas del trabajo y el aumento de las del capital eran trayectorias establecidas, al menos, desde el año 2000.

CAPITAL Y TRABAJO

 

Resumiendo: la crisis económica ha exacerbado las desigualdades. Pero la carrera hacia una sociedad más y más desigual comenzó el siglo pasado, y se ha ido materializando en términos de una polarización creciente entre una mayoría de ciudadanos y un 20% que perciben partes crecientes de la renta.

Esto se acentúa con la emergencia de los “superstars”, el 1% que se va despegando del resto de los mortales en términos de renta.

Y se refleja, además en una tendencia a que el capital se lleve la parte mayoritaria de la renta frente al trabajo.

Unamos a esto la predicción, realizada por la OCDE y reseñada en un post anterior de que se espera para los próximos 50 años, aumentos entre un 17% y un 40% de las desigualdades. Y comprenderemos que se pueda decir, con razón, que el problema no es la crisis, el problema es el sistema: un capitalismo que, desde los años 90 ha abrazado un modelo económico neoliberal que se está haciendo insostenible, entre otras razones, porque está generando desigualdades extremas que amenazan a la sostenibilidad del propio sistema.

He evitado cuidadosamente en este “post” hablar de las causas de esta exacerbación de las desigualdades en las sociedades desarrolladas. Es el tema que abordaré en la próxima entrega.

No te gusta la palabra “neoliberalismo”? Pues vives en él…

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gustavo y neoliberalismo

Creo que hay que recuperar el concepto de neoliberalismo…suena a término caduco y demagógico, propio de la izquierda vociferante y sin alternativas reales. Pero es un concepto necesario, pues es el mejor modo de describir la realidad económica en la que vivimos. Déjenme que me explique…

El neoliberalismo no es una ideología. No es exclusivamente la doctrina de los mercados sin control, del Estado enano y de los seres humanos con el puñal en la boca compitiendo a muerte entre ellos que pusieron en boga Thatcher y Reagan allá por los lejanos años 80…

Es, ante todo y sobre todo, un sistema económico y social real, de casi 25 años de existencia, vivo y en evolución, con características precisas en el que nacemos, vivimos y nos afanamos cada día. Esto es extremadamente importante: la política de la izquierda puede intentar combatir una ideología con otra. Pero es un acto plenamente voluntarista e inefectivo, si no se entiende que lo que hay enfrente es un sistema económico real, que estamos inmersos en él y que destila constantemente su propia justificación.

Para que la alternativa política de la mayoría desfavorecida adquiera nuevos aires y deje de estar a la defensiva (que es lo que ha ocurrido desde hace 25 años) es necesario, ante todo, comprender el sistema económico y social neoliberal, sus características, y tener claros sus límites.

Es lo que intentaré con brevedad y la mayor concisión posible en este “post”.

Siguiendo las inspiradoras ideas de Paul Mason en su libro Postcapitalism, yo diría que el neoliberalismo como sistema económico tiene cinco características principales:

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1. Su primera característica es la precarización del trabajo en los países desarrollados: los salarios son cada vez menores para la mayoría, y éste es el resultado de la destrucción del poder organizado de los trabajadores, ocurrido entre 1980 y el comienzo del siglo XXI.

Durante las últimas dos décadas del pasado siglo se emprendió un ataque sistemático contra el poder de los sindicatos en muchos países desarrollados. Esta quiebra de la organización de los trabajadores se materializó de múltiples maneras, – desde la abolición de los “closed shops” en el Reino Unido o Australia hasta las limitaciones públicas crecientes a la negociación colectiva, – que hicieron que el porcentaje de trabajadores cubiertos por ella descendiera en el Reino Unido  en 23 puntos, en 8 puntos en los EEUU y Australia, o en 5 puntos en Japón y Holanda entre 1980  y 1990. Por primera vez en toda la historia de la industrialización, los poderes políticos se dedicaron a quebrar o limitar el poder organizado de los trabajadores, y esto se ha dado comovresultado que en los últimos veinticinco años se haya producido un descenso generalizado en la afiliación sindical. Como consecuencia, en la actualidad tres de cada cuatro personas empleadas en la UE no son miembros de un sindicato, y se estima que, a medio plazo, el nivel medio de la sindicalización en toda la UE caerá aún más – del 16,0% en la actualidad a poco menos de 11% en 2020.

Por supuesto, el correlato de la destrucción del poder organizado de los trabajadores ha sido la proliferación de nuevas modalidades de contratos-basura, aumento enorme de la temporalidad,  nuevas formas de explotación como los “falsos autónomos”, deterioro continuado de los salarios y en general pérdida de peso de las rentas de los trabajadores excepto los más cualificados. La consecuencia directa de esta tendencia ha sido  el aumento de la desigualdad. Generalmente, se tiende a pensar que el aumento constatado de la desigualdad en los países desarrollados tiene que ver con la crisis. Es hora de deshacer esta falsa idea. La tendencia a la desigualdad se está produciendo en los países que tienen un sistema económico neoliberal y comenzó en los años 80 y 90 del pasado siglo.

El panorama mundial a largo plazo, entre 1988 y 2008 ha sido bien analizado por Christoph Lakner y Branko Milanovic  (http://www.voxeu.org/article/global-income-distribution-1988) compilando las ganancias porcentuales de renta de todos los habitantes de todos los países. Los ganadores en estos 20 años han sido por un lado el 5% de las rentas más altas, que contabilizaron el 44% del aumento de toda la renta mundial entre 1988 y 2008. Al mismo tiempo, las clases medias del  Asia resurgente (China, Indonesia, Tailandia o India) y países de América Latina, casi doblaron sus rentas. Pero los ciudadanos que no han visto incrementos importantes de su renta, o que han visto  disminuir su renta en esos 20 años, proceden, por un lado de las sociedades africanas, y por otra parte de las “economías maduras”, los países de la OCDE, el mundo rico.

En España las desigualdades en la renta ya se estaban fraguando antes y se duplicaron durante la crisis. La diferencia entre la renta per cápita y la renta de la mayoría aumentó entre 1995 y 2007 en 21,5%. Y entre 2008 y 2013 esta diferencia creció  otro 23,2%.

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2. El segundo rasgo característico del neoliberalismo es la “financialización” de la sociedad

“Finacialización” (un nuevo concepto acuñado por Paul Mason) significa la irrupción del crédito en la vida diaria de la gente. Con ella se logra mantener el nivel de consumo de la mayoría no tanto con salarios dignos, sino a través de infinitas facilidades crediticias.

Lo que la mayoría ya no gana a través de su trabajo lo sustituye con créditos y de este modo se “medio mantiene” el nivel de consumo en la economía – por supuesto con crecimientos económicos muy bajos y casi de estancamiento económico (como ya se reflejaba en el “post” que publiqué sobre las perspectivas económicas de la OCDE para los próximos cincuenta años).

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3. El tercer rasgo del sistema económico neoliberal es el “hiperdesarrollo” creciente del sector financiero de la economía frente a la economía real.

Esto por supuesto no significa la simpleza de que la economía real no necesite un sector financiero para desarrollarse y crecer. Pero tampoco  puede significar que a través de una complejidad cada vez mayor del sistema financiero, éste se autonomice de la base productiva de la economía. La “financialización” de la sociedad se hace posible a través de un sistema cada vez más complejo de productos financieros, – algo que fue posible una vez que se difuminó en 1999 la división entre banca comercial y banca de inversión/banca en la sombra, al anularse la Glass-Steagall Act de 1933 en los EEUU.

Unamos las tendencias de financialización de la sociedad y de hiperdesarrollo del sector financiero. El panorama que surge es que los ciudadanos van transitando desde una posición en la que su trabajo laboral es fuente de beneficios para el capital a otra situación en la que también se van convirtiendo en objetos codiciados de deseo por parte del sistema financiero. Como asegura Paul Mason, hoy puede ser más rentable (pude dar más retornos al capitalismo) una madre monoparental que vive de subsidios y que está constantemente recurriendo al crédito a corto plazo a través de infinitas posibilidades crediticias, que un trabajador fijo en una factoría de automóviles.

El hecho es que las actividades del sistema financiero están aumentando en nuestras sociedades de modo imparable. Si tomamos el año 2000 como referencia, los porcentajes de contribución del valor añadido del sector financiero al crecimiento total eran, en el caso de la Unión Europea, el Reino Unido y los EEUU respectivamente del 24,2%, 24,9% y 28,9%. Para 2014, se había producido un incremento notable con un aumento continuado a lo largo de estos 14 años hasta el 27,3%, 32,5%, y 30,4% (2013) respectivamente. Dicho de otro modo, existe una tendencia imparable a que las actividades financieras (intermediación financiera, rentings y sector de inversión inmobiliaria) vayan ocupando cada vez más parte del crecimiento económico en los países desarrollados. El problema es que el valor añadido producido por el dinero sobre el dinero no puede, en el largo plazo, significar un crecimiento real de las actividades económicas…

Estas dos tendencias, la financialización y el hiperdesarrollo financiero se correlacionan con la tendencia que analizo a continuación.

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4. El “hágase el dinero”

El “hágase el dinero” (“Fiat Money” en la caracterización de Paul Mason) es una política recurrente de expansión del dinero en la economía. La respuesta a cada desaceleración de la economía por parte de las autoridades públicas ha sido y sigue siendo el recurso a la creación de dinero, que hace que casi todo el mundo desarrollado viva en una creciente espiral de deuda.

Decía el Mckinsey Global Institute en Febrero 2015: “Siete años después de que el estallido de una burbuja crediticia mundial diera lugar a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, la deuda sigue creciendo. De hecho, en lugar de reducirse el endeudamiento, todas las grandes economías tienen hoy niveles de endeudamiento en relación al PIB mayores que en 2007” (http://www.mckinsey.com/insights/economic_studies/debt_and_not_much_deleveraging ).

Este rasgo es intrínseco al sistema neoliberal: la burbuja crediticia que ocasionó la crisis había surgido de la expansión monetaria que se utilizó para curar el parón económico causado por la burbuja tecnológica de principios de siglo. Ahora, en vez de aprender del pasado, la nueva crisis pretende ser curada con el mismo veneno: una nueva expansión monetaria, el “quantitative easing” de los EEUU que, al final, también ha sido adoptado por la UE desde Marzo de 2015.

Esta característica del sistema económico neoliberal tiene dos consecuencias, que apuntan a la inestabilidad del modelo:

  • Por un lado, las expansiones monetarias sitúan los tipos de interés a niveles insignificantes, y, en consecuencia, borra los riesgos. En el sistema neoliberal todos los grandes conglomerados económicos, particularmente los financieros, saben que hagan lo que hagan, serán rescatados, de modo que se va reproduciendo la fórmula como remedio ante los parones económicos y como causa de los mismos, en un carrusel de expansión monetaria.
  • Por otra parte esta característica ocasiona un problema añadido que el modelo económico neoliberal parece incapaz de resolver: un crecimiento constante de la deuda. Ese rasgo definitorio no ha cambiado ni antes de la crisis, ni en la crisis, ni después de la crisis. De hecho, a la salida de la crisis, avanzamos firmemente hacia una deuda global que asciende a tres veces el tamaño de la economía de todo el planeta.

En el pasado, entre 1950-1980 la deuda global (incluyendo la deuda pública, la corporativa, la financiera y la de los hogares) se mantuvo en niveles cercanos al 100% del PIB. Fue entrando en los años 90 cuando comenzó su imparable subida, que aún continúa. Si en 2000 representaba un 246% del PIB global, en 2007 había ascendido al 269% y en 2014 al 289%.

La deuda europea no ha cesado de crecer entre 2007 y 2014, de modo que la mayoría de países europeos, excepto Alemania, superaban con creces un aumento de su deuda respecto al PIB por encima del 30% y se aproximaban a una deuda total superior al 300% de su PIB.

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Dejaré para otro momento el quinto rasgo del sistema económico neoliberal:  los desequilibrios globales, entre países altísimamente endeudados y países que acumulan vastas reservas de divisas, pues es un tema propicio para analizar dentro del mismo lo ocurrido en Europa con sus políticas de austeridad.

Un último apunte: ha sido en este contexto, en el sistema económico neoliberal, donde han surgido las tecnologías de la información, que como vimos en un “post” anterior, están engendrando, dentro del propio sistema, un subsistema naciente que crece al margen del mercado capitalista y sus precios, así como la tendencia a que el trabajo productivo vaya disminuyendo en la propia producción capitalista. En otras palabras, al sistema neocapitalista le ha salido un cáncer terminal…

En resumen: el capitalismo neoliberal nos depara un escenario a largo plazo de estancamiento económico e incremento de las desigualdades. El sistema se basa en salarios bajos y puestos de trabajo precarios, en la dictadura del crédito y la existencia de un sector financiero anormalmente desarrollado y crecientemente divorciado de la realidad económica. Las respuestas de política económica del sistema se sesgan sistemáticamente hacia la expansión monetaria antes y después de los parones económicos, y por ello ofrecen muy pocas alternativas de sostenibilidad al propio sistema…

Pero, en su seno, se están fraguando las semillas de un sistema nuevo, el sistema postcapitalista.

Hablaré en próximos “posts” sobre la transición al mismo…

LA SOCIEDAD DEL 20% FRENTE AL 80%, Y DEL 1% FRENTE AL RESTO -economía política del #postcapitalism

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Las ideas de Paul Mason y su libro #Postcapitalism marcarán un hito en el pensamiento político de la izquierda y me propongo ayudar a su desarrollo teórico y práctico. Seguiré en “posts”  futuros con un análisis más detallado de los múltiples campos en los que me han sugerido reflexiones y desarrollos generales y para España.

Pero en este momento lo que me pide el cuerpo es ir a un aspecto medular y central. Para que este nuevo pensamiento se convierta en una arma potente para la acción política, a partir de las fecundas ideas de Paul Mason es necesario construir al menos tres pilares: una teoría de la acción política, una revisión de la historia de la industrialización y una economía política del #Postcapitalism. Intentaré en este “post” dar una formulación preliminar, breve y concisa, del tipo de economía política que se debería ir construyendo.


 

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Me gustaría destacar los dos fenómenos más novedosos de la economía contemporánea, – dos corrientes que están surgiendo de las mismas entrañas del capitalismo: la emergencia de sectores crecientes de actividad al margen del mercado y de los precios, y la tendencia a que el trabajo humano sea cada vez menos necesario para el sistema capitalista.

AQUÍ AHORA: UN SECTOR  PUJANTE Y AVANZADO, QUE CRECE A ESPALDAS DEL CAPITALISMO Y AL MARGEN DEL MERCADO

Han comenzado a surgir nuevos procesos de producción que caen completamente fuera de la esfera del mercado y en los que los factores tradicionales, -trabajo y capital,- ya no tienen el papel que les asigna el capitalismo.

Me refiero a la producción que se realiza en régimen colaborativo y entre iguales; donde el trabajo se presta de modo voluntario y que no necesita de gran inversión de capital, porque en gran parte se realiza de modo digital. Sin costes de trabajo y con costes de capital insignificantes, estos productos y servicios se distribuyen y consumen de modo abierto, libre, sin precio. Todos ellos además tienen como input principal la información y la digitalización como su tecnología de base.

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Hay productos como Wikipedia, donde colaboran 75.000 voluntarios que han construido la enciclopedia más vasta del mundo, con costes nulos de capital y trabajo. La Wikipedia (versión inglesa) ha producido 4,1 millones de páginas (9.000 como media diaria en 2011 y 2012). Se han realizado más de 500 mil millones de correcciones desde su creación, va siendo mejorada por sus propios usuarios, y es un producto libre, colaborativo y permanentemente actualizado.

Me refiero también a todo el software libre que existe en el mundo. Monitoreado por el Black Duck Open Hub, agrupaba en Julio de 2014 a más de 664.000 proyectos y casi tres millones y medio de participantes, con 30 mil millones de líneas de codificación de software.

Estoy hablando también de los “creative commons” – licencias que permiten de un modo sencillo dar permiso a otros para reusar y compartir el trabajo creativo. En Noviembre de 2014 había ya 880 millones de trabajos estimados dentro de esta categoría, y en Flickr solamente más de 306 millones de fotos con licencia para compartir.

Y me refiero por último a toda la actividad que cae bajo la categoría de “contenido generado por los usuarios” en Internet. Una parte importante, si no es mayoritaria, de la producción de blogs, fotos, videos, foros de discusión, espacios de producción artística o de procesamiento de información, etc…se realizan al margen del mercado y de las empresas. Para darnos idea del tamaño de este segmento de actividad que no existía apenas en 2005, baste decir que en los EEUU se comparten cada minuto casi 685.000 piezas con contenido en Facebook, o que 56 millones de personas usan twitter. Entre Mayo de 2011 y Octubre de 2015 se han creado 122 mil millones de “posts” en Tumblr, y hay en el mundo 400 millones de usuarios activos cada mes en Instagram.

Son cifras escalofriantes, que nos hablan de un fenómeno de una magnitud nunca imaginada.

Existen también nuevas actividades mixtas, que combinan las tecnologías digitales con elementos de la realidad física y de esa combinación surgen nuevos productos que también se basan en el trabajo voluntario a coste cero y con una inversión inicial insignificante, que se mueven en el ámbito de la economía colaborativa (“sharing economy”) o de la innovación social…

A todos estos nuevos fenómenos los llamaré en su conjunto, para entendernos, el sector postcapitalista en la sociedad actual.

Por supuesto, existe una confrontación soterrada entre el sector postcapitalista y las empresas que operan en los mercados e intentan acomodar tácticamente en su beneficio esta pujante tendencia. Pero, como señala Paul Mason (Postcapitalism, Introduction, pg XV),a largo plazo (a cuán largo plazo es tema para otro “post”) es una batalla perdida para el capitalismo dominante, porque éste opera sobre la base de la escasez, pero la información, la nueva materia prima de la economía digital, es cada día más abundante y crece de modo exponencial.

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EL CAPITALISMO NECESITARÁ CADA VEZ MENOS CONTENIDO DE TRABAJO PRODUCTIVO

Hay que conectar esta nueva tendencia con otro fenómeno central no menos importante señalado también por Paul Mason (Postcapitalism, Introduction, pg XV): las tecnologías digitales están reduciendo “la necesidad del trabajo”, – se entiende la necesidad del trabajo por parte de un capitalismo de cuyas entrañas ha salido su propio declive en la forma de las tecnologías digitales.

Las tecnologías digitales avanzan hacia la asunción a manos de la inteligencia artificial y las máquinas inteligentes de todo el trabajo cualificado o no cualificado que pueda ser rutinizable (Erik Brynjolfsson & Andrew McAfee, The Second Machine Age, son precursores en esta dimensión). De acuerdo con estudios realizados (Carl Benedikt Frey and Michael A. Osborne, “The future of employment: how susceptible are jobs tocomputerisation?”), un 47% de los puestos de trabajo en los EEUU están en riesgo de desaparecer debido a la computerización. Es una solemne tontería la discusión sobre si la inteligencia artificial hará desaparecer el trabajo humano porque se pierde el punto importante que hay que hacer: el trabajo humano nunca desaparecerá, pero lo que irá desapareciendo gradualmente es la necesidad para el capitalismo del trabajo productivo a manos de la inteligencia artificial. Para todos los que, como Paul Mason, pensamos que el valor se crea, esencialmente, a partir del trabajo, esta tendencia tiene una implicaciones enormes. Con un contenido decreciente de trabajo, a largo plazo, los precios en los mercados y los beneficios del capital tenderán a reducirse, a no ser que se intente mantener artificialmente el “status quo” mediante la creación de sistemas monopolistas que fuercen los precios a mantenerse…

La tendencia a la disminución de la necesidad del trabajo humano en el mercado capitalista se comienza a percibir en nuestras sociedades en la forma de disminución del tiempo de trabajo: los trabajos parciales, las jornadas de 30 horas, las carreras irregulares combinando periodos de trabajo asalariado o profesional y otras actividades, comienzan a proliferar. En Francia ya funcionan con jornadas de 35 horas, en Suecia se acaba de aprobar la jornada semanal de 30 horas…Estamos ya embarcados en una larga transición en la que las ganancias de productividad de la mano de las nuevas tecnologías digitales irán haciendo desaparecer la posibilidad del pleno empleo en el capitalismo.

 

tipos de ciudadanos

TRES CONCLUSIONES

Unamos y extrapolemos estas dos tendencias a futuro, para extraer tres conclusiones casi telegráficas.

Vamos hacia una sociedad definida (y, si no se remedia, altamente polarizada) con tres tipos de ciudadanos: 

  • Los ciudadanos que desarrollarán trabajos cualificados de alto valor añadido en el mercado, en profesiones basadas en el reconocimiento de pautas fuera de marcos preestablecidos (estrategas), el lenguaje y la comunicación compleja (analistas), la inteligencia emocional (“coaches”, salud personalizada) y la creatividad (creadores)
  • Por otro lado, trabajadores no cualificados también en el sector económico capitalista, cuyas tareas tampoco puedan ser rutinizables por robots, en los amplísimos campos de los cuidados personales, la atención y los servicios personalizados.
  • Por último ciudadanos que combinan actividades más o menos precarias en el mercado y centran su atención y esfuerzo en el sector postcapitalista, que irá ocupando más y más tiempo a medida que el sector de actividad postcapitalista vaya creciendo de modo imparable.

La polarización que ya se ha producido en los últimos veinte años, entre la renta del 20% de profesionales altamente cualificados y el resto de trabajadores, se irá agudizando espontáneamente.

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Vamos también hacia una sociedad en que las diferencias entre las rentas del capital y el trabajo tienden a agudizarse a favor del capital.

La productividad generada por las nuevas tecnologías digitales y las rentas de innovación que se producen con el progreso tecnológico exponencial que está ocurriendo ya, van a ser crecientemente apropiadas por el capital. También, la tendencia a los monopolios erigidos sobre las tecnologías digitales o para prevenir su uso libre por parte de los ciudadanos,  se va a agudizar como una estrategia defensiva para garantizar altos retornos al capital. De este modo las disparidades entre capital y el trabajo se van a ir polarizando cada vez más.

En otras palabras, durante la transición hacia una economía y una sociedad postcapitalista,  nos iremos adentrando en un sistema capitalista cada vez más decrépito e  injusto que genera una sociedad cada día más desigual,- una sociedad del 20% frente al 80%, y del 1% frente a todos.

trabajo social

Qué renta percibirán los ciudadanos que, en número creciente, se irán dedicando al sector postcapitalista?

Cómo se puede recompensar a los voluntarios que trabajarán en las Wikipedias del futuro, en el software libre, en la innovación social, en la producción de contenido generado como usuario en Internet? Van a ser un número creciente a  largo plazo, porque la tendencia en la era de la economía digital es a que la información y las tecnologías digitales vayan desbordando los elementos de privatización y los monopolios que va imponiendo el mercado hoy.

Hay que ser claros: descartados los precios porque el sector postcapitalista crece al margen del mercado y los precios, y descartada la planificación central de las fracasadas economías socialistas, es la utilidad social la que puede determinar el valor que corresponde al trabajo que la ha hecho posible.

No es casualidad que ya comiencen a emerger nuevas fórmulas para asegurar una renta digna a aquellos que no trabajan en el mercado, en la forma del salario básico universal, las rentas de inserción, etc… Son respuestas que avanzan en la dirección de resolver los problemas reales a los que ya comienza a enfrentarse la sociedad actual.

Pero son respuestas aún muy burdas porque no ligan la renta que puedan percibir los que trabajan en el sector postcapitalista y el valor social de lo que producen. En esa medida abren un flanco enorme a todos aquellos que no quieren que se genere una sociedad de ociosos viviendo a costa de los que trabajan duramente para lograr una renta en el mercado. Por ello, la medición de la utilidad social de lo que se hace en el sector postcapitalista es clave para ir determinando la compensación de renta que merece. En este terreno se puede avanzar algo: la utilidad social del trabajo realizado en el sector postcapitalista podrá ser determinada precisamente por el valor que le atribuyen sus usuarios, puesto que los beneficiarios de las mismas pueden valorar de modo instantáneo su utilidad desde la red.

Quedan muchísimos flecos sobre los que reflexionar. Por ejemplo, cómo podrá la sociedad hacerse cargo de estas nuevas rentas sociales? Existe una transición entre el hoy y esa situación muy a largo plazo que se ha esbozado aquí? Cuando hablamos de capitalismo, se trata de una noción abstracta, o deberíamos hablar de lo que es el capitalismo hoy, es decir del modelo actual neoliberal?.

Serán temas a desarrollar en próximos “posts”

 

Optimismo

 

 

Siento mucho traer muy malas noticias – pero son de la OCDE

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matar al mensajero

He leído con enorme atención un libro apenas recién publicado en el Reino Unido. “Postcapitalism: a guide to our future” de Paul Mason.

Me dicen que se publicará en breve en castellano. Es un libro que dará mucho que hablar, no tengo la menor duda.

Para mí ha sido como recoger después de 40 años una conversación que tenía en suspenso respecto al origen de la izquierda.

También ha significado pasar una revisión crítica a las múltiples intuiciones que vertí en algunos libros, como el que publiqué con un título muy similar, “La Transición al Postcapitalismo” (Editorial Sistema, 1992), o “Pleno Empleo” (Espasa 1998), o “Homo Globalis” (Espasa, 2005).

 

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Y ha significado por último, una  REVELACIÓN  sobre el futuro fascinante que nos espera y cómo hacerlo posible.

A ese libro, su comentario, su aterrizaje para España, y sus múltiples consecuencias en numerosos ámbitos de la política, dedicaré muchas reflexiones en este blog en el futuro.

Pero hoy me quería centrar en un análisis que menciona: el escenario que nos pinta la OCDE hasta 2060 – el escenario a largo plazo que nos presentan los expertos de uno de los centros más importante de análisis y pensamiento en el mundo occidental.

Y es un análisis que no podía ser más negro. Yo lo resumiría en cuatro puntos principales:

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  • De acuerdo con la OCDE tenemos por delante una larga etapa de un crecimiento económico menor al que estábamos acostumbrados antes de la crisis. Sus proyecciones para el mundo sitúan el crecimiento de PIB en un 3% anual y del 2,7% para los países de la OCDE y los emergentes del G20. Dicho de otro modo, y teniendo en cuenta que los países emergentes crecerán por encima de esa media, el futuro del crecimiento de los países desarrollados, entre ellos de España, será mucho más bajo del que hemos experimentado nunca en nuestras vidas. Además un 75% de ese crecimiento lo aportará el crecimiento de la productividad, y como ese factor, de acuerdo con la propia OCDE,  está sujeto a grandes incertidumbres, es muy posible que el crecimiento económico futuro sea aún menor.
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  • Para mantener el número actual de personas en edad de trabajar, Europa deberá recibir una inmigración de 50 millones de personas, debido al envejecimiento de su población. Pero las resistencias políticas en Europa a esta necesidad están ahí y continúan creciendo. Si esto no ocurre, lo que experimentaremos será una constante disminución de la población en edad de trabajar, del 7%
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  • Los trabajos semicualificados serán crecientemente reemplazados por tecnologías. Se conservarán los trabajos de alta cualificación y los de baja cualificación no rutinizables por máquinas inteligentes. Esto tendrá consecuencias importantes en numerosos frentes: las demandas para una educación superior más amplia, para la educación a lo largo de toda la vida, y ocasionará una polarización de las desigualdades en la renta.
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  • Efectivamente, las desigualdades en la renta crecerán, entre un 17% y un 40%. Las desigualdades en países donde hoy la desigualdad es baja, como Suecia o Noruega crecerán para parecerse a las desigualdades actuales en la media de la OCDE, y las desigualdades en los países de la OCDE se parecerán más a las que hoy tienen los EEUU. Dicho en otras palabras, no solamente el crecimiento será menor sino que además se van a acentuar las desigualdades y vamos a tender a parecernos en este terreno a uno de los países más desiguales del mundo, los EEUU

La conclusión que extrae en un análisis similar en su libro Paul Mason es contundente: el sistema capitalista en su forma actual, que es el sistema neoliberal (el neoliberalismo es mucho más que una ideología, es un sistema económico, el actual…pero ya hablaremos de eso en otros posts), nos depara un escenario de casi estancamiento económico para los próximos cincuenta años y de crecientes desigualdades en países como España. Y como él dice en su libro: : “la generación más educada en la historia de la humanidad no aceptará un futuro de alta desigualdad y de estancamiento en el crecimiento.

Lo siento por las malas noticias. Pero no son mías. Son del respetable organismo al que pertenece España, la OCDE.

Claramente, la política de izquierdas no puede continuar proponiendo esquemas reformistas de corte socialdemócrata como si todavía estuviéramos anclados en el período de prosperidad de los 5o-70 del pasado siglo. Hay que pensar en soluciones bastante más novedosas frente a un sistema económico que lo único que nos ofrece son peores escenarios a largo plazo de los que ya tenemos.

La solución? Seguiremos hablando de todo esto en próximos posts…

 

Frente a la crisis de los refugiados, acciones concretas

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La crisis de los refugiados está descubriendo las vergüenzas de una Europa incapaz de dar respuestas a tiempo ante grandes crisis. El hecho de que sea hace una semana cuando, por vez primera, se ha conseguido asignar a 80 refugiados después de los grandes planes de la UE para acoger a 120.000, cuando en realidad tan solo Alemania espera recibir 800.000, es bien elocuente de la impericia europea.

Sin embargo los refugiados siguen llegando a las costas de Grecia, y a Lesbos, en concreto, a razón de mil por día.

En pleno siglo XXI estamos asistiendo a un nuevo éxodo, realizado a pie, en medio de penurias, cuando no escoltados por soldados, de una frontera a otra – un auténtico corredor de los horrores que recuerda a los éxodos de la segunda guerra mundial.

Vista la ineficacia gubernamental y de las administraciones europeas, surge un reto al que podrían acudir las empresas de la mano de la sociedad civil y las organizaciones humanitarias: el reto de la acogida de refugiados, el reto de ayudarles en su penoso tránsito hasta la integración en nuestras sociedades.

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Hace tres semanas más o menos, con otros colegas de escuelas de negocio que participan en la iniciativa de PRME (la iniciativa de Naciones Unidas de Principios para una Educación en Gestión Responsable) hicimos un pequeño trabajo de campo, hablando, en mi caso, con organizaciones humanitarias, representantes de ACNUR y refugiados en centros de acogida españoles para ver cuál era la situación. La idea que llevábamos en la cabeza era: ¿cómo se les puede ayudar del mejor modo? Qué es en realidad lo que necesitan los refugiados que acuden a Europa? ¿Cómo les pueden ayudar las empresas responsables?

En las próximas líneas expongo algunas de mis conclusiones, en forma de 8 sugerencias concretas .

Con algunas diferencias administrativas entre los países europeos, en general, hay cuatro momentos distintos en el proceso en curso de asentamiento de los refugiados:

  1. Llegada: a la frontera de Europa (o a un campo de refugiados fuera de Europa)
  2. En tránsito: Mientras esperan / viajan dentro de Europa para llegar al país donde quieren (o se les asignará) para establecerse
  3. Recepción en el país de destino: Cuando llegan y son acogidos en un centro de refugiados en el país de destino
  4. Integración en el país: cuando comienzan a establecer su propia vida

A lo largo de todo este proceso hay varias necesidades perentorias que cubrir:

1. El apoyo económico es lo primero: en promedio, el coste de apoyo a un refugiado hasta que pueda desenvolverse por sí mismo en un nuevo país asciende a 20.000 euros y tiene una duración de 24 meses. No está claro hasta qué punto la Unión Europea va a financiar estas cantidades (que para 800.000 refugiados ascenderían hasta finales de 2016 a 16 mil millones de euros), y cuánto apoyo económico los van a proporcionar los gobiernos de los países europeos. Lo que está claro que son necesarios esfuerzos adicionales de la sociedad, como personas individuales y como empresas. En este contexto, sería conveniente combatir la idea errónea de que la filantropía es “mala”, y se opone a la verdadera responsabilidad social de las empresas: estamos hablando de una ayuda humanitaria de urgencia. En esa situación, cuando todo el mundo colabora, desde los ciudadanos individuales hasta las administraciones públicas, la cooperación de las empresas es absolutamente necesaria.

2. El mejor modo de realizar colectas y hacer donaciones a la causa de los refugiados en las empresas es probablemente promoviendo una campaña de recaudación de fondos entre los empleados, – incluso creando un sistema de recogida voluntaria a través de la nómina, –  y doblar lo recaudado con la misma cantidad donada por la compañía. Las principales ONG en España que han sido designadas para ayudar en la crisis (CEAR, Cruz Roja y ACCEM) así como ACNUR España tienen material promocional preparado, para iniciar las campañas de recaudación de fondos dentro de las empresas.

3. La coordinación de esfuerzos es fundamental: no está claro el tamaño de la crisis de los refugiados a la que nos enfrentamos. Los 120.000 refugiados cubiertos por el acuerdo de cuotas a nivel de la UE es un número limitado, dadas las estimaciones de 800.000 solicitantes de asilo que podrían estar entrando en Europa este año. Por lo tanto, las necesidades pueden variar hasta que la crisis haya terminado. Es por esto por lo que se debería promover a nivel nacional un comité de enlace, donde se coordinaran con ACNUR las principales asociaciones de empresas responsables en España, el Pacto Mundial, Forética, Fundación SERES, etc… El propósito de ese comité de enlace podría ser actualizar mes a mes las necesidades del momento y renovar el llamamiento a las empresas para contribuir en aspectos específicos.

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  • Necesidades de los refugiados a la hora de la llegada y en la etapa de “tránsito”

Debemos ser conscientes de que hay 4 millones de refugiados sirios en Turquía, Líbano, Jordania e Iraq. Es hacia estos campamentos hacia donde se debería canalizar la ayuda económica del modo más estratégico: en esos asentamientos las necesidades son enormes, y en la medida en que sean dignamente cubiertas, existirán menos incentivos para que los refugiados emprendan su éxodo hacia Europa, que es lo que está ocurriendo en la actualidad.

Los puntos de entrada de los refugiados en Europa son claros: Grecia (que ha recibido hasta ahora 416.245 refugiados en este año hasta el 6 de octubre) e Italia (131.000 por el momento). Esto hace que una entrada neta de aproximadamente 6.000 personas que entran en Europa diariamente a través de varios puntos (Lesbos y Lampedusa son dos de ellos). En ellos, debido a la falta de medios y de coordinación, las condiciones no son aceptables, a pesar de todo el apoyo desplegado por ambos países, las organizaciones humanitarias y los voluntarios.

4. Por ello, sería de extraordinaria importancia que se pudiera emprender una acción concertada entre empresas para que colocaran bajo su auspicio cada uno de esos puntos de llegada, coordinándose con las autoridades de Italia y Grecia y operando a través de la mediación de ACNUR en Europa. No sería descabellada la idea de construir Centros Temporales de refugiados en dichos puntos de entrada, incluidos el alojamiento, la asistencia sanitaria y los servicios administrativos. Esta podría ser una gran aportación de las empresas, país a país, coordinando fondos, contribuciones en especie y apoyos logísticos para acondicionar estos puntos de llegada.

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  • Necesidades en la etapa de recepción en Centros nacionales de refugiados.

 España espera la llegada de 20.000 refugiados entre 2015 y 2016. Estos deberán ir a centros de refugiados en los que en un ambiente seguro y asistido podrán dar sus primeros pasos hacia la integración en la sociedad española. Sin embargo, la capacidad actual de los centros en operación en España es de 6000 plazas, contando con todos los recursos públicos y privados actuales. Por ello las ONG están en constante búsqueda de nuevos centros de refugiados. Las empresas de la construcción, inmobiliarias, los sectores de hostelería y empresas financieras y bancarias con un stock de edificios no utilizados podrían proporcionar instalaciones para este fin. Empresas de los sectores pertinentes podrían proporcionar servicios de rehabilitación y re acondicionamiento rápido para abrir nuevos centros de refugiados, también. Esta contribución sería un esfuerzo importante.

5. Cuando los refugiados llegan a un centro de refugiados se espera que permanezcan en él durante un período medio de 6 meses. Aparte de los servicios básicos de alimentación, salud, vestido, vivienda y escolarización para niños- todos ellos proporcionados por el Centro,- necesitan, ante todo, familiarizarse con la lengua y la cultura del país. Esta necesidad no suele estar cubierta de modo perfecto por las autoridades públicas. Por lo tanto, sería de gran ayuda si empresas y centros educativos contribuyesen en la organización de programas de lengua y cultura de calidad en los centros de refugiados.

6. Para hacer frente al (innecesariamente) largo proceso administrativo  de solicitud y reconocimiento del estatus de refugiado la necesidad de servicios jurídicos eficaces es otro elemento importante de los refugiados en esta etapa: los bufetes de abogados y los departamentos legales dentro de las empresas podrían ayudar a las organizaciones no gubernamentales con el fin de construir una red efectiva de asesores legales.

 

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  • Necesidades en la fase de asentamiento e integración en el país.

 Una vez que los refugiados han pasado por el proceso de recepción, durante un período limitado de tiempo (de tres a 6 meses) las autoridades públicas y las organizaciones no gubernamentales les ayudan a conseguir una vivienda individual y a pagar por el alquiler del alojamiento. En esta etapa, para iniciar el proceso de integración, la mayor preocupación es encontrar actividades que puedan llevar a un empleo (en la mayoría de los casos) o a continuar la educación que los refugiados recibían en su país de origen.

7. En una Europa que ha sido duramente golpeada por la crisis económica y financiera, no es una tarea fácil encontrar un empleo en países con altas tasas de desempleo como el caso español, cuando tantos trabajadores y profesionales cualificados nacionales están desempleados. Sin embargo, las empresas pueden ser de máximo apoyo con lo que se podrían llamar programas de prácticas para la integración profesional. Con duración de 6 meses-1 año, las empresas podrían admitir a refugiados que trabajarían para un pequeño salario en la empresa (600-1000 euros), mientras que se familiarizan con la cultura del trabajo, régimen laboral, compañeros de trabajo y su entorno social. Con otros gastos soportados por los servicios de bienestar, esto también permitiría la construcción de una pequeña cantidad de ahorro para prepararse para la etapa en la que los refugiados han de vivir de modo plenamente autónomo.

8. Por último, los refugiados que han interrumpido su formación de educación técnica o superior deberían ser apoyados para tener la posibilidad de disfrutar de un acceso inmediato a sus estudios interrumpidos, a través de becas conjuntas entre empresas e instituciones educativas.

 No es una vida de Jauja lo que se está proponiendo aquí.

 

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Los refugiados sirios, afganos, iraquíes, eritreos o sudaneses provienen de escenarios de muerte, persecución y peligro para su vida y la de sus familias, de los que debieron escapar con lo puesto.

Deben arrostrar peligros y precariedades renovadas cuando se juegan la vida llegando a Europa o cuando inician un camino incierto, y en muchas ocasiones hostil hasta su lugar de destino. Es una tarea propia de sociedades civilizadas, humanas y solidarias, como la española, acogerles y apoyarles hasta que puedan mantenerse por sí mismos e integrarse, como el resto de nosotros y con nuestros mismos problemas y oportunidades en España.

Y en este sentido, en esta crisis que no remite por más que nos hayamos inmunizado frente a las imágenes horrorosas que protagonizan los refugiados cada día, las empresas y las instituciones educativas tienen un papel excepcional que cumplir, y una oportunidad de demostrar que la solidaridad es parte de su cultura.

Políticas para la vida diaria: horas y horarios, – dos temas centrales

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Cuántas horas trabajamos? Con qué horarios lo hacemos? Parecen preguntas banales, pero son asuntos centrales. Pertenecen a una esfera de problemas que deberíamos llamar “políticas de la vida diaria” – sin duda las más importantes para los ciudadanos.

Dos reflexiones encadenadas me han hecho pensar este fin de semana sobre estas cuestiones: la de Verónica Lechuga en el Blog Salmón,  y las ideas de Jordi Ortega en “Efectos en la salud e insostenibilidad de la organización del tiempo: reforma horaria?” Os recomiendo leer estas contribuciones, porque seguro que serán mucho más comprensivas y ricas de lo que yo , inspirado por ellas, pueda decir en esta breve reflexión.

Quisiera plantear las siguientes tres proposiciones:

1.- Estamos abocados a una disminución de las horas de trabajo.

Esto ya ha ido ocurriendo a lo largo de toda la historia de la industrialización. Así por ejemplo:

  • En 1870 se trabajaban 61 horas a la semana y 11 horas al día en el Reino Unido
  • En 1950 se trabajaban 40 horas a la semana y 8 horas al día, en la mayoría de los países desarrollados.
  • En algunos países, como Francia se decidió en los años 90 repartir el trabajo acortando la jornada a las 35 horas
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¿Por qué se fue produciendo esta tendencia? Probablemente por un doble componente: en primer lugar por un mayor contenido tecnológico de la producción, que ha ido aumentando la productividad compensando con creces la reducción de horas de trabajo. En segundo lugar por las reivindicaciones de los trabajadores, algunas veces con grandes huelgas y enfrentamientos monumentales, para lograr mejores condiciones de vida.

2.- La tendencia a la reducción de las horas de trabajo se acelerará en el futuro

 Esto va a ocurrir por varias razones.

  • En primer lugar, la incorporación de la mujer al mundo del trabajo remunerado así como el aumento de la esperanza de vida y el retraso en la edad de jubilación son dos tendencias que implican que la cantidad de trabajo humano aumenta, y por ello, la exigencia de repartirlo aumenta también.
  • En segundo lugar, la necesidad de ir a nuevas distribuciones en el reparto de las tareas de la casa y el cuidado de los niños, o dicho de otro modo, la conciliación de la vida laboral y familiar actúan como una nueva y poderosa presión en la demanda de menores horas de trabajo.
  • En tercer lugar, la digitalización de la economía, y sobre todo la inteligencia artificial y los robots van a hacer que, aunque no desaparezca el trabajo humano, va a verse redirigido a ámbitos como la creatividad, las decisiones estratégicas, la comunicación compleja, la inteligencia emocional y el reconocimiento de pautas sin marcos preestablecidos y los servicios personalizados, que difícilmente podrán hacer los robots. Dicho de otro modo, vamos a ir orientando nuestra actividad hacia nuevos horizontes, trabajando en red y en modo “free-lance”, sin necesidad de estar en un lugar de trabajo para desarrollar nuestra actividad, sin necesidad de contar las horas que hacemos sino los resultados que conseguimos, en una frontera cada vez más indistinguible entre ocupación profesional y aficiones.
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Aunque en algunos países como España nos hemos estancado en las 40 horas semanales y 8 horas al día, en otros, como Suecia y el Reino Unido,  ya están experimentando con las 30 horas, con resultados muy positivos desde el punto de vista de la motivación y la productividad.

No es de extrañar por tanto que surjan abogados de acortar aún más las horas de trabajo y dejarlas, como no hace mucho ha propuesto Carlos Slim, en tres días a la semana. Y tampoco es de extrañar que gente sabia y progresista exclame, como José Mújica en una entrevista reciente en la Cadena Ser: Tenemos que discutir cuántas horas vamos a trabajar en el mundo entero (…) en vez de ser ricos en carros, seamos ricos en ocio.

La conclusión es clara: en España los partidos de izquierda deberían plantearse con seriedad ir reduciendo el número de horas de trabajo, avanzando en los próximos años hacia el horizonte de las 30 horas semanales.

3.- Hay que acabar con la irracionalidad de los horarios laborales españoles.

En otros países,-  literalmente en todos los países europeos que nos rodean, –  la modalidad de trabajo en la empresa de 8 a 4 está ya quedando anticuada y cayendo en desuso.

Pero en España, como si fuera un islote, seguimos con un horario dominante de 9-10 de la mañana a 7-8 de la tarde, con un descanso para la comida de un par de horas. Califico esta pauta como dominante porque estructura a su vez los horarios de muchos servicios relacionados, como los espectáculos, la televisión, los restaurantes, etc. Los perjuicios son ingentes:

  • Dificultades enormes para la conciliación de la vida personal y familiar
  • Doble carga de trabajo para las mujeres.
  • Los dos aspectos anteriormente mencionados tienen una gran repercusión en fenómenos relacionados: por un lado en la falta real de oportunidades para que las mujeres ocupen puestos de alta responsabilidad en las empresas, y por otro lado, en el envejecimiento y declive del tamaño de la población, debido a la baja tasa de natalidad.
  • Abandono de la educación activa de los hijos, de la convivencia familiar
  • Dificultades para el cultivo personal.

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Se puede apreciar, por sus consecuencias, que la reforma de los horarios es un tema de la máxima gravedad en España y cuya resolución es urgente.

En conclusión, la reducción de jornada y la reforma de horarios forman un tándem muy poderoso de políticas de la vida diaria que de acometerse, cambiarían la faz de la sociedad española y la modernizarían y humanizarían.